SEGUNDA PARTE DE 5.
CAPITULO 11.
La Nada.-La Materia.-Y las Fuerzas.-Teoría Cósmica de la Creación Universal.-Época del Fuego.-Lucha de las aguas y el Fuego.- Origen Marino de todos los seres vivientes.-La fuerza vital espíritu de la naturaleza.-La evolución de las especies.
La nada, como ya dijimos, solamente es concebible mentalmente, pero nunca ha existido; pues aún hoy llenando los espacios siderales y en donde quiera que falta materia condensada, está el éter. El éter se encuentra también llenando los espacios intermoleculares de los cuerpos. El éter está formado por los micro electrones de cosmos que aún no han podido condensarse y que han permanecido en equilibrio por acción de las fuerzas neutralizadas. Este éter es el que transmite en ondas vibratoria las fuerzas almacenadas en cualquier cuerpo físico y que nuestro cerebro percibe en forma de calor, de luz, de sonido o de conmoción eléctrica. Un foco físico es cualquier porción de materia impulsada a la actividad vibratoria, a consecuencia del desprendimiento de la fuerza almacenada, por acción del choque con otro cuerpo o con otra fuerza extraña. Esa vibración ondulatoria sería transmitida al infinito, pero cada vez menos perceptible en razón directa de la distancia focal, por la actuación contraria de la fuerza de gravedad sobre la fuerza eléctrica.
La materia es eterna; siempre existió en el espacio, pero, en forma micro-electrónica y en equilibrio estático por acción de las fuerzas neutralizadas; antes de condensarse el cosmos, la fuerza de gravedad era nula. La fuerza vital fue la única que permaneció aislada. Esa fuerza era el gran espíritu del universo; Dios.-Por voluntad de él las fuerzas neutralizadas que mantuvieron en equilibrio a los micro-electrones de materia millones de años, en un instante se separaron, las fuerzas eléctricas chocaron, Y al chocar produjeron una inmensa descarga Y esta chispa colosal fue la que inició la conflagración universal de las inmensas masas de gas hidrógeno Y de gas carbónico, avivada aún más por las inmensas masas de oxígeno.
Quedó pues, condensado el cosmos, convertido en una inmensa masa candente de materia fundida, y al condensarse adquirió peso Y por su mismo peso comenzó a fragmentarse, por la acción vertiginosa de su desplazamiento desorientado Yen una ruta infinita, dando nacimiento a los soles; y esas inmensas masas que constituyeron los soles primitivos, se fragmentaron a su vez y adquirieron movimiento de rotación sobre un eje y otro de traslación en rutas circunscritas al rededor de las masas de origen, constituyendo los planetas Y estos se fragmentaron a su vez para dar nacimiento a los satélites como la Luna. Todos estos fragmentos comenzaron a girar unos al rededor de los otros. Las masas más pequeñas alrededor de masas más grandes, describiendo trayectorias elípticas y permaneciendo mantenidas en esas órbitas por las fuerzas de atracción y de repulsión equilibradas. Este equilibrio es lo que se llama gravitación universal; de modo que las mismas fuerzas que conservaron miles de años en equilibrio estático los micro electrones cósmicos, volvieron a actuar, manteniendo equilibradas las inmensas masas siderales; pero entonces en un equilibrio dinámico, girando, como ya dijimos unas al rededor de las otras, formando así los incontables sistemas planetarios que deben existir en el espacio; pues se supone que esa hermosa vía láctea que vemos en las noches oscuras, son millares de soles colocados a distancias fabulosas de nosotros; y que nuestro sol es una de las estrellas tal vez más pequeñas del espacio; ya que los cálculos astronómicos suponen que Arturo, hermosísimo sol de la constelación de Bootes, es ocho mil veces mayor que nuestro sol y Antares mucho mayor todavía; lo que nos da una idea de la inmensidad del espacio. Nuestro sol se fragmentó y dio nacimiento a los ocho planetas del sistema solar, siendo nuestro mundo, es decir: la Tierra, uno de tantos planetas. (1) La. Tierra permaneció en estado de ignición durante millones de años, como hasta hoy, ha permanecido el sol, pero la inmensa masa de hidrógeno y de oxígeno que en el momento de la conflagración universal, bajo la acción de las corrientes eléctricas, se transformaron en agua, en forma de menudo vapor se remontó a las alturas, siempre bajo la acción de la atracción terrestre, pero a distancia en que la acción del calor no pudiera llegarle.
(1) Últimamente .ya se ha descubierto un noveno planeta.
Esa inmensa masa de vapor al fin se condensó y en torrenciales lluvias cayó sobre la tierra ígnea, y al instante las aguas eran nuevamente evaporadas y así en constante lucha de elementos, del agua y del fuego pasaron muchos miles de años hasta que el agua pudo más que el fuego y el mundo se transformó en una inmensa esfera de agua hirviente con su centro de fuego. Siguieron muchos miles de años de lluvias sobre los mares hirvientes, hasta que en el fondo de ellos la materia fundida, al fin fué enfriada y los mares también se enfriaron. La fuerza vital que hasta entonces había permanecido muy lejos de este teatro de luchas entre los elementos, al fin se aproximó a la tierra y combinándose con las aguas condensadas dio nacimiento a los primeros habitantes de los mares, los infusorios, seres mono celulares que dieron origen más tarde a todos los animales de la creación y las algas, que dieron origen al reino vegetal. Esa gran fuerza vital universal que permaneció alejada de la lucha del fuego y del agua era Dios.
El quiso ceder parte de su esencia y la legó a los primeros seres en forma de vida. Pero esto no lo hizo hasta que el agua no quedó tibia, pues la esencia de Dios, es decir, la vida, no podía resistir temperaturas mayores de cien grados sin perder su virtud catalizadora; su acción de presencia. Así nada más se explica el origen de la vida. Dios cedió parte de su esencia a la materia, para crear a los seres vivos y dijo: "esta fuerza vital no volverá hacia mi, sino hasta al fin del ciclo universal, mientras tanto al desintegrarse la materia viviente, permanecerá latente en los electrones, y con estos, al ser absorbidos en forma de alimento irá nuevamente a sumarse al fluido vital de otros núcleos de origen" . . . . Creó las especies y decretó la evolución de ellas hacia el perfeccionamiento o hacia el exterminio, por obra de las especies más fuertes o más aptas. Muchos cientos de miles de anos deben haber transcurrido para que el infusorio llegara hasta el hombre.
Esos infusorios que dieron origen a los animales superiores y al hombre no deben haber sido los que hasta hoy existen y que darán origen quien sabe a qué clase de animales... " Deben haber sido en forma de espermatozoides y de óvulos que se unieron y dieron nacimiento a seres parecidos a los embriones de los animales actuales. Esta atracción se verificó por la misma causa que ahora se atraen y se buscan en el útero o en los conductos ováricos, cuando los espermatozoides son lanzados a los órganos genitales femeninos dentro del semen eyaculado por el órgano macho, es la acción de quimio-taxia positiva, que no es más que la atracción del flúido vital de distinto nombre. El óvulo está cargado de flúido negativo y el espermatozoide de fluido positivo.
Durante el desarrollo embrionario uno de estos elementos predominará; cuando es el óvulo, dará nacimiento a una hembra, con predominio de fluido negativo, y cuando es el espermatozoide dará nacimiento a un macho, con predominio de fluido positivo; de aquí se deriva la atracción de los sexos opuestos. Las aberraciones de esta ley son casos anormales. Muchos miles de años vivió el hombre en forma de embrión de un día, como tipo adulto; y otros miles en forma de embrión de dos días y así hasta que fue de la forma que es ahora. Primero fue, acuático y cuando los fondos de los mares, bajo el impulso de la expansión de los gases acumulados en el centro de la tierra, surgieron sobre las aguas formando los continentes entonces fue anfibio y después fue únicamente terrestre.
Así pasaron muchos millones de años evolucionando el hombre al lado de otras especies que también evolucionaron de una manera semejante. ¿No encontramos huellas de esta hipótesis en la fauna marina, donde actualmente vemos pejes que son, diríamos, es bozos de los animales terrestres? ¿Acaso la mitología de los antiguos griegos, haciendo surgir a sus dioses de los mares, no pudo haber sido un remoto recuerdo del origen humano! Toda la evolución que sufre el embrión de los animales superiores en su vida fetal ¿no puede ser acaso la historia repetida de su pasado ancestral?
Cada especie ha evolucionado de un tipo primitivo especial. Desde la forma mono celular hasta su forma actual. ¿Acaso el suero salino de la sangre, elemento primordial de todos los organismos animales no puede ser un indicio de aseveración, en pró del origen marino de todas las especies? . . . .Es más lógico pensar, que el hombre haya descendido de tipos ancestrales especiales, y no de la evolución del mono que actualmente conocemos. Y aún más, yo estoy por creer que cada raza humana se originó de un tipo diferente, el tipo blanco fue blanco desde un principio; el negro, negro; el amarillo, amarillo y el cobrizo, cobrizo. Así surgieron del mar, y así siguieron evolucionando muchos miles de años. El hecho de que el tipo blanco sea más adelantado en el orden intelectual, se debe quizá a que sea mucho más viejo. Las razas siguieron evolucionando paulatinamente, cada una en su rumbo.
Pasaron muchos miles de años y el hombre era un ser inconsciente con su cerebro de niño. Ese cerebro que en las épocas modernas, en veinte años adquiere todo su poder intelectual y consciente, pasó muchos miles de años evolucionando lentamente hacia la perfección; la masa cerebral fue cada vez más rica en sustancia gris; las neuronas
cada vez fueron más sensibles; cada vez adquirieron mayor capacidad de potencial vital. El cerebro ya no fue solamente una botella de Leyden, de fluido vital escaso, sino sobrecargada, hasta el grado de emitir ondas vitales; estas ondas vitales son el pensamiento humano. Cuando el hombre pudo pensar, tuvo conciencia de su existencia; a medida que la estructura anatómica de su cerebro fue perfeccionándose y que su sustancia pensante fue aumentando, fue cada vez más apto pasando por todos los grados de la inteligencia; desde el simple instinto, único que poseen los animales inferiores, hasta la genialidad de que es ahora capaz. Todos los grados de inteligencia que vemos adquirir lentamente al cerebro de un niño. Pero, un día en la vida de un niño, fueron mil años en la vida de la especie. El hombre solo tuvo conciencia de su existencia cuando ya estaba casi como actualmente existe y naturalmente no ha podido recordar su origen, porque antes que su cerebro pudiera pensar no tenía conciencia de su existencia. Cuando pudo pensar se encontró ya tal como es en la Tierra. Apenas si tiene recuerdos de su existencia a partir de seis mil años atrás. ¿Qué son seis mil años para los millones de años que hace que surgió su núcleo de origen? . .. Todos esos cuentos que nos hacen en la Sagrada Escritura, son recientes relativamente para que pueda ser la verdadera historia de la humanidad. Esa historia más o menos falsa de su origen nació al calor de su cerebro de adolescente; pero, a medida que su cerebro ha ido haciéndose más consciente, por efecto de la evolución, ha ido desechando esas falsas historias por no ajustarse a su juicio crítico actual. Antes del hombre existieron otros animales terrestres; animales gigantes de los cuales solo se han encontrado sus esqueletos fósiles. Toda esta fauna ciclópea anterior al hombre, pereció sepultada por las avalanchas de materia bruta durante los cataclismos terráqueos, juntamente con los inmensos bosques de corpulentos árboles que hoy constituyen los yacimientos petrolíferos de las entrañas de la tierra. Esos grandes cataclismos tal vez los contempló la humanidad inconsciente. Cuando el hombre era otro de tantos animales selváticos; inocente, tiritando de espanto al lado de su hembra y de sus hijos; acurrucado tal vez debajo de alguna caverna. Tiempos remotos de la antigüedad de los cuales no queda ninguna huella. Desde que Dios cedió parte de su esencia a la materia para crear los seres vivos, dispuso que esa esencia, al morir la individualidad de cada ser, automáticamente quedara ese fluido vital, latente en los electrones de materia que constituyeron ese cuerpo. Casi al instante de muerto el individuo invaden su organismo millones de seres microscópicos que hacen pasto en sus despojos. De modo que allí donde muere la vida de un ser superior, surge la vida de millones de seres inferiores; no son otra cosa las bacterias de las fermentaciones que invaden a todas las materias orgánicas entradas en putrefacción; Nuestro mísero organismo a las veinte y cuatro horas de la muerte es pasto de millones de micro-organismos. Primero las bacterias de la fermentación acética, después las de la butírica y de último las de la fermentación amoniacal. Las primeras fermentan las materias azucaradas con producción de ácido acético; las segundas, fermentan las grasas, desdoblándolas en sus ácidos grasos volátiles de olor nauseabundo y las últimas que producen la fermentación amoniacal de las sustancias albuminoides. Nuestro pobre cuerpo a los pocos días de muerto no es más que una asquerosa masa corrupta y pestilente, nido de diversas variedades de larvas, de moscas sarcófagas. Henri Barbusse en su libro "El Infierno" dice: .. . . "En el frágil ataúd, será mi cuerpo presa de los insectos, de pulular irresistible de sus larvas. ¡invasión incontable que se multiplica! Linneo ha dicho que tres moscas consumen un cadáver tan pronto como pudiera hacerlo un león. Los bichos de los cementerios se suceden por períodos. Cada especie llega a su tiempo, de suerte que se conoce la edad de un cadáver por la clase de insectos que en él se ceba. Unas moscas muy menudas, las curtoneuras, asedian al cuerpo algunos instantes antes de la muerte. Ciertas emanaciones les indican la inminencia de un suceso que va a procurarles una rebosante abundancia para sus larvas, y cargadas de huevos, porfían ya por depositarlos en las narices, en la boca y ojos del moribundo. No bien cesa la vida, acuden otras moscas. Desde que el pobre soplo de corrupción se hace sentir, acuden muchas más: la mosca azul, la mosca verde, cuyo nombre científico es Lucila Coesar, y el gran moscardón llamado el "gran sarcófago" que tiene el tórax surcado de rayas blancas y negras. La primera generación de estas moscas, atraída por la espantosa señal, puede formar por sí sola en el cadáver de siete a ocho generaciones que crecen y se acumulan durante tres a seis meses. Cada día, dice Megnin, las larvas de la mosca azul aumentan doscientas veces otro tanto de su peso. La piel del cadáver es entonces de un color amarillo tirando a rosa, el vientre de un verde claro, la espalda de un verde oscuro. Luego la descomposición cambia de naturaleza. Sigue la fermentación butírica que produce unos ácidos crasos llamados vulgarmente sebo de cadáver. Esa es la sazón de los dermestos-insectos carnívoros, que producen larvas provistas de largas cerdas y mariposas que reciben el nombre de aglosas. Las larvas de los dermestos y las orugas de las aglosas presentan la particularidad de que pueden vivir en las materias crasas y se amoldan como la manteca al fondo de los ataúdes. Algunas de estas materias cristalizan y relucen luego como lentejuelas en el polvo definitivo. Después acude un cuarto escuadrón, que acompaña a la fermentación caseica, y se compone de unas moscas, las piefidas, que producen los gusanos del queso a los cuales se les conoce fácilmente por los saltos característicos que ejecutan y unos coleópteros, los corinetos. La fermentación amoniacal, la licuefacción negra de las carnes,'atrae una quinta invasión, forma da de moscas que reciben los nombres de loncheas o firas y foras, y son tan numerosas, que en los cadáveres exhumados en el curso de este período, los restos negruzcos de sus crisálidas semejan, según la expresión de un médico legista, las "queresas de los jamones" Y cuando se extrae el féretro y se le destapa, durante esa fase, salen de él nubes de moscas. La descomposición delicuescente negra atrae también a unos coleópteros, las sílfides, y a las nueve especies de necróforos. La putrefacción ha consumado ya casi del todo su obra El período que luego empieza es el de desecación y momificación del cadáver bajo los sudarios y mortajas almidonadas por los líquidos gelatinosos del período anterior. Todo]o que queda de materia blanda, pasta orgánica harinosa y jabones Amoniacales, lo devora otra especie de insectos: unos acarios redondos y ganchudos, casi invisibles a simple vista. Su número se decuplica de quince en quince días; al principio eran veinte, al cabo de dos meses y medio son dos millones. A los acarios sucede una séptima inmigración. La forman las aglosas que ya acudieron al empezar la destilación de los ácidos crasos y luego desaparecieron. Estas aglosas roen, asierran, desmenuzan los tejidos apergaminados, los ligamentos y tendones, transformados en una materia dura de apariencia resinosa, así como los pelos, y la ropa. El cuerpo toma entonces un color de oro bronceado y esparce su fuerte olor a cera. Por último al cabo de tres años, acude el enjambre final de obreros. Estos devoran todo lo que queda, hasta los restos de los insectos que en estado de larva se sucedieron en el cadáver. El que arrambla con las sobras es un menudo coleóptero negro, cuyo nombre científico es el de "tenebrios obscurus." Gran parte de nuestra materia se transforma en gases que vuelven al aire y el resto vuelve a la madre tierra para fertilizarla.., de esa tierra se alimentarán las plantas y de las plantas los animales y el hombre mismo y así quedará formado el obligado ciclo de la vida. (Durante los últimos años de mi vida estudiantil, que los pasé cortando muertos, en mi macabro empleo de ayudante de los Médico -legistas, pude darme perfecta cuenta de todo esto, en ese lapso en que las escenas de dolor y podredumbre anduvieron siempre a mi
lado. Tal vez, de tanto tratar con el dolor acabé por hacerme insensible a él. . .. Tanto he visto a los hombres en sus últimos reductos y he mirado tantos cuerpos hediondos consumirse bajo el fuego voraz de la podredumbre, que embargado de profunda tristeza muchas veces pensando en todo esto me :he preguntado.. . . y, total, ¿,para qué tantas desesperaciones por la vida?. ., ¿Para qué tanta ambición y tanto egoísmo? . . . . ¿Para qué tanta vanidad, si al final siempre hemos de pasar por ese fangoso camino?. ., Pero después he meditado Y desarrollando nuevos bríos me he contestado, resuelto: ¡sí, muy bien! Será esa la verdad escuálida; pero nosotros somos los payasos de la vida y reiremos a pesar de ello. . . .¿Qué nos importa todo eso cuando nuestros corazones están sedientos de amor? ¿Qué puede el recuerdo de la muerte, cuando la carne aún está sedienta de placer Y el alma lo está de gloria ? ¿Qué nos importa el pasado y qué el porvenir? . . .. Gocemos el presente, si gozar se puede; libemos felices el néctar de la alegría en las doradas copas de la juventud; embriaguémonos de amor, hasta quedar ahítos, bebiendo la sangre de Venus afrodita en el cáliz purpúreo de sus labios.... y dejemos correr la bola. . . . Nosotros esperaremos serenos lo que venga). y bien, siguiendo el hilo de nuestro tema, decíamos que la entidad individual muere; pero ni su fluido vital, ni su materia, ni sus obras mueren.
Un hombre muere; su materia Y su fluido vital seguirán el ciclo forzado de la vida y sus obras si fueron dignas pasarán al caudal preciado de la humanidad. Mientras el hombre era un ser irracional moría y de él no quedaban huellas sobre la tierra; pero cuando su cerebro alcanzó un grado de desarrollo tal que además de recibir las sensaciones del mundo exterior, pudo emanar ondas de energía vital, cuando las neuronas sobrecargadas de fluido, vibraron y produjeron el pensamiento, el hombre tuvo necesidad de comunicado a sus semejantes!; y los cuatro o cinco gritos de que se valía para manifestar sus necesidades bestiales, tuvo necesidad de articularlos y creó su lenguaje hablado (M. Lauternau, en su obra "Ciencia y Materialismo", se refiere a tribus salvajes del centro del África los bosquimanos que apenas si pueden ser distinguidos de otras tribus de monos antropomorfos, "phitecantropus erectus", que también tienen formado esbozos de poblaciones, reconociendo autoridad a un jefe, probablemente al mono más fuerte. Hace notar que muchas veces es difícil distinguir una tribu de salvajes, de una tribu de monos, porque ambos se tocan de la mano en su atraso mental; ambos tienen por lenguaje simples gritos o si acaso, unas cuantas palabras; esto comprueba cómo a medida que el hombre va progresando en su función mental va creando igualmente palabras para expresar sus, pensamientos.)
Después quiso que aprovechasen sus hijos los conocimientos que sus largos años de vida le habían permitido adquirir, e ideó dejar los grabados con signos, e inventò1a escritura del pensamiento. A partir de esto ya pudo cada generación aprovechar los estudios de las generaciones anteriores .y así fue como la humanidad pudo ir acumulando su caudal de conocimientos; así surgió la Historia y la Ciencia. Entonces el hombre moría, pero dejaba escrita su obra; y su recuerdo se hacía inmortal entre sus descendientes. Desde que el hombre pudo dejar escritos los frutos de su estudio y de su experiencia, comenzó el desarrollo intelectual, de la humanidad. Nacieron las artes y comenzó el progreso. Nació en su mente el deseo ferviente de la investigación de lo desconocido, y en esta empresa, temerariamente se afrentó con los elementos; se aventuró a surcar los mares y tuvo que luchar con las tempestades. Las fuerzas y la materia indignadas contra su osadía trataron de amedrentado para que desistiera de su empeño y con terribles rugidos el abismo le lanzó sus amenazas:" ¡Criatura indefensa que quiere penetrar en los misterios insondables de lo ignoto!.. .. Ya propósito del concepto que nos deja la tempestad, repetimos las palabras del gran Víctor Hugo, que dijo: - "Nada es comparable al rugido del abismo, que es la inmensa voz bestial del mundo." "Lo que denominamos la materia, ese organismo insondable, esa amalgama de energías inconmensurables, en que ciertas veces se distingue una cantidad imperceptible de intención que hace estremecer; ese Cosmos Ciego y nocturno, ese pan incomprensible tiene un grito, grito extraño, prolongado, terco, perenne, que es menor que el de la palabra, pero mayor que el del trueno; ese grito es el huracán. Las otras voces, los cantos, las melodías, los clamores, salen de los nidos, de las nidadas, de las parejas de los himeneos; la voz de la tromba brota. De esa Nada que es el Todo. Aquellas voces expresan el alma del Universo; esta expresa su monstruo, es lo deforme gritando, es lo inarticulado hablando por medio de lo indefinido. ¡Espectáculo patético y aterrizador! Esos rumores dialogan por encima y más allá del hombre, se elevan, se abaten, ondulan, producen ondas de ruido, dan toda clase de sorpresas feroces al espíritu; ya estallan a nuestros oídos con la importunidad del clarín; .ya tienen la voz ronca de las lontananzas; murmullo vertiginoso
que se asemeja al lenguaje y que es un lenguaje en efecto; es el esfuerzo que hace el mundo para hablar, es el tartamudeo del prodigio. En ese gemido manifiéstese confusamente todo lo que tolera, sufre, acepta y rechaza la enorme palpitación tenebrosa. Frecuentemente la arrastra la sin razón y se parece a un acceso de enfermedad crónica, y es más epilepsia difundida que fuerza empleada y creemos asistir a la caída del supremo mal en el infinito. Hay instantes en los que parece que el espacio se queja, se lamenta y se justifica como si pleiteas e por la causa del mundo; entonces creemos adivinar que el mundo es un proceso, que se escucha su lectura que se trata de asirse de las razones alegadas, de ver el pró y el contra temible; porque hay gemidos en la oscuridad que tienen la tenacidad de un silogismo. Inmensa turbación para el pensamiento; en ella está la razón de ser de las mitologías y de los politeísmos. Completan el espanto de esos grandes murmullos perfiles sobrehumanos que tan pronto corno se perciben se desvanecen; de euménides aéreas; de pechos de furias dibujados en las nubes, de quimeras plutonianas adivinadas; aterrorizan sus sollozos, sus risas, su agilidad para producir fracasos, sus preguntas y sus respuestas indescifrables y su llamamiento a auxiliares desconocidos. El hombre ignora lo que va acontecer en ese encadenamiento espantoso y sucumbe ante ese enigma de entonaciones draconianas. ¿Qué comprende de ellas? ¿Qué significan? ¿A quién amenazan? ¿A quién suplican? Se ve que en ellas hay como un desencadenamiento. Vociferaciones de precipicio a precipicio del aire al agua, del viento a las olas, de la lluvia a las rocas, del cenit al nadir, de los astros a las espumas. Tal es su tumulto." Esos son los detalles de una tormenta conceptuados por este ilustre pensador; tal es el furor de la lucha entre esos dos grandes titanes, el viento yel océano; mas nada de ello amedrentó al hombre y temerario surcó los mares sediento de conquista. Muchos de los grandes navegantes encontraron sus tumbas en el inmenso piélago; más ¿qué importó si. otros pocos llegaron hasta el fín? Colón, Magallanes Vasco de Gama, genios invencibles que legaron nuevos mundos a sus descendientes y esculpieron sus nombres en los horizontes inmarcesibles de la fama; hombres indomables que trazaron nuevas rutas, descifraron nuevos fenómenos y supieron hacer luz en las tinieblas. Hasta que el hombre ha llegado casi a dominar a los elementos. Aprovecha las fuerzas de las aguas para mover sus máquinas; ha puesto trampas al rayo, para capturarlo y utilizarlo, y esa gran fuerza que estremece en los abismos, esa gran fuerza que produce el trueno sembrando el pánico, es decir, la electricidad, ahora es su esclava. Ella mueve incansable nuestras máquinas; ella con su potente luz ha descorrido los crespones tenebrosos de las tinieblas iluminando los antros encantados de la tierra y anulando la noche en sus negruras. Ella en fin ha venido a sustituir miles de brazos de pobres esclavos en todos los menesteres de la humanidad. Nada ha quedado vedado al hombre; cruza las profundidades del océano con sus submarinos, surca los aires con sus aviones y de un continente al otro manda su voz y su música y sus imágenes en alas de esa misteriosa fuerza que antes era su espanto; el fluido eléctrico. Loor a los genios incansables; esos superhombres que han dejado y dejarán estelas luminosas en su paso por la tierra: Franklin, Edison, Marconi, etc. ( Parte 2 de 5 )
jueves, 11 de septiembre de 2008
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