( ENSAYOS FILOSÓFICOS.)
Por el Dr. Gustavo Galáz
V:. H:. M:.
de la Resp:. Log:. Sim\
"Chllam Balam"
del Or:. de Mérida, Yucatán, Méx.
Templo propio: Calle 63 No.568.
IMPRENTA "GABINO CONTRERAS."
CALLE 66 NUMERO 565.
MÉRIDA.- YUCATÁN.-MÉXICO.
1930
PROLOGO.
GUSTAVO GALAZ CHACON, diplomado por la facultad Universitaria de Yucatán, como médico cirujano, profesión ésta, que lleva la salud a los cuerpos físicos, se doctora con esta obra en la ciencia de llevar la salud a nuestras almas, pues nos infiltra conocimientos para fortalecer el espíritu, y para hacernos ver la vida con todos los esplendores de la verdad.
Yucatán, ha tenido el privilegio de dar al mundo grandes iniciadores, y por ende, muchas grandes causas que han conmovido al mundo se han iniciado en este Estado de Yucatán. El cuatro de junio de mil novecientos diez, para no remontarnos a fechas más atrasadas, cuando la nación mexicana dormía en el mullido lecho de su cruda felicidad impuesta por la dictadura de Porfirio Díaz, Miguel Ruz Ponce inició en la Ciudad de Valladolid la sagrada chispa de la revolución mexicana que más tarde secundaran en Puebla y que luego encabezara en el Norte el prócer de la democracia Francisco 1. Madero, cuya revolución arrojó para siempre aquella dictadura en el insondable abismo de sus propios errores.
Ahora viene el Doctor Galáz Chacón a iniciar una nueva revolución en el amplio campo de las ideas, para destruir la mistificada teoría que esgrime desde hace muchos años la Iglesia Católica Apostólica y Romana, para su propio bien, acerca de la augusta personalidad de Dios, del origen de la humanidad y la evolución del hombre, con el estudio de éste en sus diferentes aspectos y manifestaciones. Dios, dice el autor, "es la fuerza vital creadora del Cosmos," y la verdad es que esa es la única forma de describir a Dios, que por ser intangible, cada hombre lo siente y cree a su manera. Esta obra se pronuncia contra la creación de Templos dedicados al culto de las Religiones, y nos remite al hermoso Templo de la naturaleza para nuestras oraciones al Gran Arquitecto del Universo. Esa creación imaginativa del autor lo hace construir párrafos de sabor literario, que invitan a seguir leyendo, pues este libro tiene la rara virtud de instruir deleitando. Al atacar el problema de la creación de la humanidad, el autor conviene en la teoría Darwiniana, consistente en el perfeccionamiento del hombre, por medio de la evolución;. pero adiciona esa teoría, haciéndola remontar a la fragmentación de la masa ígnea que nos alumbra, y con silogismos perfectamente hilvanados nos va llevando hasta la aparición de los infusorios, y sostiene que la evolución de éstos en sus diferentes especies, dió al mundo lo que hoy constituye la humanidad.
El autor entra de lleno al estudio del hombre en su evolución progresiva y nos presenta al tipo perfecto que todo lo posee. Las diferentes células de que se compone el organismo humano, son las creadoras de todas las manifestaciones de la vida. Leyendo a Gustavo Galáz Chacón en este libro, se conforta el pensamiento de hombre, porque se le presenta la vida, tal cual es, obra de sus propias acciones. Destruye esta obra la anticuada teoría de la existencia del alma, y sostiene la doctrina, sabiamente explicada, de que ésta no es más que el fluido que desarrolla el cerebro humano y que repercute en los demás órganos. Es para mí timbre de orgullo el que el autor cediendo a los impulsos de la amistad que lo une a mí, me hubiera escogido entre sus amigos para escribir el prólogo de su obra. Acometo atrevidamente la empresa, porque sé que cualquier cosa que yo diga para despertar interés en el texto del libro, será un pálido reflejo de la verdad. Cuando las tareas diarias de los hombres adormecen su cerebro, se hace necesario recurrir a esta obra para inyectarse la savia purificadora que repara las fuerzas perdidas y lo hace a uno propio para la lucha.
Réstame tan solo felicitar al autor por la noble tarea que lleva a cabo con la publicación de esta obra, a la masonería de Yucatán que cuenta entre Sus miembros al V\ H\ Dr. Gustavo Galáz Chacón que honra a la institución y que le dá prestigio dándola a conocer dentro y fuera de su jurisdicción, contribuyendo de esta manera al estudio de una de las ramas que tanto interesan a la humanidad cuyo progreso debe procurar como una de las finalidades de su instituto.
Mérida, marzo de 1930.
Carlos Pérez García.
Al Muy Resp\ Gr\ M\ de la Gr\ Log\ Unida
“La Oriental Peninsular” de AA\ LL\ y AA\ MM\
del Estado de Yucatán y Territorio de Quintana Roo,
Señor Licenciado
Carlos Pérez García.
Es mi deber de masón sincero; es mi deber de hombre civilizado, contribuir con mi grano de arena en la obra magna de iluminación de las conciencias, sumergidas en el oscurantismo; ese nefasto oscurantismo que nos legaran los prejuicios y la influencia del pasado, que por fortuna para la humanidad, ha ido descorriendo sus velos tenebrosos de ignorancia. Es mi deber de miembro de la humanidad, aportar el acopio de mis conocimientos; el arsenal de mi tal vez raquítico, pero bien intencionado dispensario de ideas y luces, para curar los males de mis hermanos, habitantes de este mismo planeta.
No los padecimientos producidos por los agentes químicos y físicos habituales, sino de esa enfermedad del psiquis; de su individualidad consciente, que ha llevado por centurias, como un 1astre fatal, todo el pesado bagaje de fanatismos y de falsos conceptos infiltrados hasta su médula, por sectas más o menos convenencieras, cuyo único fin ha sido medrar y alimentar opíparamente su vida parasitaria; absorbiendo como vampiros la sangre noble de los corazones juveniles e incautos.
Por eso he escrito este libro, para esclarecer muchos conceptos y l1acerlosaparecer a la luz meridiana de esa diosa que nunca nos dejará caer en el vacío de las decepciones ni nos dejara de alimentar con su vivificante savia, la refulgente
verdad. Toca a vos, pues, muy Resp. Gr. Maest., hacer llegar al mayor número de los hermanos, esta mi pobre contribución.
G. GALAN.
Mérida, Yuc., Marzo de 1930.
UNA ADVERTENCIA A MIS LECTORES:
Al escribir este pequeño tratado, solamente me impulsó el deseo que tenia de exponer mi modo de conceptuar algunos fenómenos y de descifrar algunos conceptos. Naturalmente, la mayor parte de lo que aquí expongo, son teorías mías y de otros, pero explicadas a mi modo de ver. No tengo la intención de entablar polémica con nadie y por consiguiente me tiene sin cuidado el juicio que el lector se haga de mi personalidad y de mis ideas.
El que piense conmigo que me conceda alguna razón, si así lo juzga, y el que no comprenda o no quiera aceptar mis concepciones, que siga creyendo en lo que mejor le parezca.
Yo creo que en el orden material el respeto al derecho ajeno es la paz y en el orden moral el respeto a las creencias es la manifestación de la más alta sabiduría y más efectiva civilización.
Sé que difícilmente podremos cambiar a los adultos llenos de pasiones y de convencionalismo. Mi única esperanza está cifrada en las conciencias en embrión, en la niñez, en la juventud que se levanta exenta de prejuicios, libre de lastres, sedienta de verdad.
EL AUTOR.
CAPITULO 1.
DONDE ESTA DIOS?
Dios o Jehová, son palabras creadas por los hombres para nombrar a un ser omnipotente creador del Universo. Para poder existir, necesita haber sido eterno. Si Dios no fuera eterno, entonces cabría preguntar, y ¿a Dios quién lo hizo?.. .Lo que supondría la existencia de un poder superior a él; lo que destruiría su omnipotencia y bien, sentado lo anterior, preguntamos: ¿De qué sustancia es Dios? Es una fuerza? es materia? es de carne y hueso como nosotros? . .En ese caso, bien sabemos cuantos elementos entran en su formación, los cuales necesariamente fueron también eternos. De donde la eternidad de la materia.
Ahora bien, pudo haber sido una simple fuerza; la fuerza vital. Pero, ¿puede la fuerza vital existir aislada de la materia? He ahí el concepto del alma. Luego Dios pudo haber sido una inmensa alma. El total de toda la fuerza vital hoy distribuida en todo el Universo viviente y esa inmensa fuerza vital, por obra de su poder y su voluntad creó la materia de la nada.
Pero ¿es posible hacer de nada algo?. .. Esa nada solamente es concebible mentalmente; en realidad nunca ha existido. En el espacio siempre existieron fuerzas y materia. Algebraicamente cualquier molécula es infinita; el átomo no puede existir; porque el cuerpo más pequeño, el que uno quiera suponer, tiene que ser susceptible de dividirse en dos partes; y así, dividiendo y dividiendo, llegada un momento en que ese algo (en este caso, un llamado átomo de sustancia
cualquiera) se confundiría con la nada (micronésimos de electrones), así nada más se concibe que de una inmensa Nada y bajo el influjo de las fuerzas, combinándose con la materia, hubieran ido condensándose esa inmensa masa de micro electrones para formar el cosmos. El Cosmos era una inmensa masa de micro electrones de todas las sustancias existentes, mantenidas en equilibrio por la neutralización de las fuerzas eléctricas. Más el gran espíritu quiso formar el Universo Y antes formuló sus inmutables leyes. Dio a cada micro electrón de materia sus cua1idades físico-químicas, los combinó con las fuerzas y comenzó el Génesis.
La gran fuerza vital decretó su gran código universal de leyes físico-químicas y dijo: "Estas leyes serán inviolables e incontrastables." "El que las violare recibirá el correspondiente castigo; sea quien fuere el culpable; racional o irracional, delincuente o inocente. Para el Código Universal, no hay justicia ni clemencia, ni injusticia ni sana. Estas son palabras inventadas por el hombre para juzgar de acuerdo con sus intereses. ¿Cómo pues pensar en un Dios magnánimo y justiciero, si al decretar su Código Universal, no tuvo en cuenta estos conceptos creados más tarde por el hombre? Dios dijo en sus decretos: "Los mundos girarán unos al rededor de los otros, impulsados por la gravitación universal y los cuerpos terrestres, serán atraídos hacia el centro de la tierra por la fuerza de la gravedad, etc." A causa de esa ley, cualquier cuerpo abandonado en el espacio, es atraído irremisiblemente hacia la tierra, al menos que no se oponga otra fuerza superior, como la .impulsada por la propela de Un aeroplano o por la fuerza de flotación de una gran masa gaseosa de menor densidad que el aire atmosférico, como en el caso de los dirigibles. Pero de no ser esas dos causas, el cuerpo caerá. Pues bien, un niño de un año, inocente, sin que exista ninguna maldad que achacársele, es abandonado por su madre o su cuidadora, en la azotea de 'un alto edificio; por su misma inocencia, se precipita desde esa gran altura y cae al suelo estrellándose en el pavimento, destrozándose terriblemente como le hubiese pasado a cualquier otro cuerpo rompible, que desde allí hubiese sido arrojado. ¿Es posible que esto pasase si Dios, al formular sus leyes hubiera tomado en (menta los conceptos de justicia e injusticia? . . . . En ese caso, habría que decir que Dios es injusto, pues a cada instante pasan desgracias como ésta. Ese ejemplo y otros más pudiéramos citar a granel. La idealización de un Dios clemente y poderoso capaz de oír nuestras congojas y nuestros ruegos para remediar nuestros males, son nada más manifestaciones de la debilidad humana. Realmente, qué cosa más consoladora que pensar en un ser poderoso y omnipotente, que condolido de nuestros sufrimientos, acudiera a remediarlos.
Cuando el hombre es víctima del infortunio o de la fatalidad y no tiene yá a quién quejarse aquí en el mundo, recurre a un ser supremo instintivamente, buscando protección. . . . ¡Más ay! Dios, ni se enfría ni se calienta. . . no entiende de justicia ni de sufrimientos, él se limita a responder, si es que llegan hasta él, esas plegarias: "las leyes universales, ya hacen millones de años que fueron decretadas; limítate a no violarlas y nada te pasará." "Si alguien te ataca, defiéndete; porque tu cuerpo blando se dejará partir al impulso de otro cuerpo más duro, y huyendo o cubriéndote de una coraza más resistente que el puñal o la bala de tu enemigo, o destruyendo antes a tu propio enemigo, nada más podrías salvarte." "De mí ya no dependes; tu suerte depende de la causalidad; toma tus precauciones y ponte de acuerdo con tus semejantes para hacerse el daño menos posible." "Si quieres aproximarte a la perfección, estudia fielmente las leyes naturales y dales aplicación en tus obras; lee en el libro de la naturaleza; observa y analiza uno por uno todos los fenómenos que atisbes y así podrás alcanzar algo de mi poder." "Tú que debido a mis leyes de evolución de las especies, has llegado al grado de perfección orgánica, que cuentas con un cerebro y una masa gris que te permite pensar y raciocinar, coordina tus observaciones y retenlas en tu memoria para aprovecharlas en bien de lo que tú entiendes por felicidad y lo que tu ser clasifica de placer y alegría.
Tu felicidad depende de la sabia combinación que hagas de la ciencia con tu conciencia." . . . .Si el hombre hubiese comprendido estas frases de Dios, que a diario le repite con sus manifestaciones naturales, no hubiera perdido el tiempo en la construcción de suntuosos templos y en forjar mitos. Desde un principio se hubiese dedicado a buscar la verdad, a estudiar la naturaleza; a no apartarse ni un ápice de ella. Hubiera desde un principio cambiado sus oraciones en contemplaciones y hubiera elegido para templo el cielo abierto. ¿Puede haber mejor templo para admirar al creador de la naturaleza, que el lugar donde mejor se contempla su obra? Ora en el campo en las mañanas de la florida primavera, observando cómo abren sus corolas las lozanas flores y cómo impregnan el ambiente con su fragante perfume? .. .cómo las doradas mariposas revolotean dejando verla policromía de sus sedosas alas, cómo trinan las aves y cómo el aura suave mece los verdeantes follajes de corpulentos árboles, que saben dar frutos para alimento y madera para nuestros menesteres? ... Podrá haber templo más suntuoso que una playa, donde se contempla la inmensidad del océano, con su otro mundo de seres, tal vez precursores de esta animalidad terrestre, bajo una inmensa comba azul, contemplando la salida esplendorosa del gran Sol; del astro rey, fuente de luz y de calor? Por último, ¿Puede haber mejor oración que escudriñar con el microscopio los linderos ignotos del mundo infinitamente pequeño, donde el hombre sorprende la mano de Dios en su infinita y sabia grandeza? El hombre en vez de dedicarse a los sacrificios humanos para aplacar la ira de sus feroces deidades de la antigüedad, en vez de perder su tiempo en la construcción de templos suntuosos y arruinar estérilmente muchas vidas en los conventos en nuestra época contemporánea, en vez de emplear el tiempo en inútiles plegarias cada vez que una calamidad invadió sus moradas, debió ,recurrir a la naturaleza, escudriñar con ojos de la ciencia y juzgar con la crítica de su conciencia y seguramente hubiera encontrado pronto remedio a sus males.
Si vuestro hijo ha sido mordido por un perro rabioso, más efectivas y preventivas serán veinte inyecciones de suero antirrábico que cien velas encendidas a todos los santos y mil plegarias rezadas en todas las iglesias. Si la ciudad está invadida por alguna epidemia, más efectivas serán las precauciones sanitarias, que todas las oraciones y misas que puedan aplicarse. Dios no quiere plegarias ni sacrificios estériles. Dios quiere estudio y observación. Son más dignos de veneración y tienen más contacto con Dios los sabios que han muerto víctimas de la investigación científica, en conquista de la verdad, que cualquiera de los llamados santos que sacrificaron sus vidas estérilmente en ayunos suicidas y morbosos y en plegarias inútiles, excepción hecha de Cristo que fué un cerebro luminoso que con su ejemplo encausó la barbarie de su época hacia la bondad y que predicando una sana moral sembró la semilla sublime de la paz y la resignación, habiendo sido por esto víctima de la maldad humana. Desgraciadamente han pasado casi dos mil años y sin embargo esa doctrina hasta hoy, casi ha fracasado; prueba de ello es la última guerra europea donde el "Homo sapiens" puso a disposición de sus instintos bestiales toda su sabiduría y sus inventos para exterminarse mutuamente. Cristo ignoraba que la lucha es un efecto de los procesos de adaptación de las especies, que es ley universal; que la lucha la engendra la desigualdad moral, intelectual y material de todos los seres de la creación que jamás podrán igualarse; y que este desequilibrio físico y sentimental, en la especie humana, engendrará siempre las rivalidades de clases y por consiguiente la guerra. La paz solamente podrá imperar cuando de una manera matemática sean puestos todos los seres al mismo nivel; mientras tanto será nada más ficticia. El instinto bélico, tal parece que es inherente a todos los seres de la creación. El pez grande se tragará siempre al más pequeño, y los pequeños tratarán de agruparse para hacer resistencia a los grandes. Hasta las criaturas que imaginamos más inocentes y más inofensivas, observándolas nos damos cuenta de que no lo son. Ved por ejemplo a una palomita blanca, de rosado pico, cuya presencia infunde tanta ternura que hasta fué escogida para simbolizar al espíritu Santo. Cualquiera que le ve huir temerosa a los picotazos de una gallina, aseguraría que es inofensiva; pero no es así; esperad que esté sola en el patio y que baje a tragarle sus granos de trigo alguna tortolita y veréis cómo es tan pendenciera como la gallina; y si seguís observando, os daréis cuenta de que la tortolita también se ensaña con las mariposas y así sucesivamente.
Las apariencias de bondad, muchas veces son manifestaciones de cobardía. Si observáis en los vegetales, comprobaréis que las malas yerbas, más resistentes a las inclemencias del tiempo y que quizá se han vuelto más resistentes precisamente en compensación de la guerra que tienen que sustentar con sus exterminadores, (el agricultor y las plantas mimadas) roban a las plantas útiles sus alimentos, las arruinan y las invaden. ¿Acaso en esto no existe una lucha de clases?.
….
Y si descendéis más todavía hasta los cuerpos químicos sin vida como los ácidos, veréis al reunirlos con una base como se apoderará de ella, el más fuerte, para formar la sal correspondiente. Por ejemplo: Juntáis ácido carbónico con una base (sosa cáustica) y se formará carbonato de sosa, (sal), pues bien, si después esta sal se pone en presencia de otro ácido más fuerte, como el ácido cítrico, este desplazará al ácido carbónico y se apoderará de la base, formando citrato de soda; y si este citrato de soda, se pusiera más tarde en contacto con el ácido sulfúrico, más fuerte aún, a su vez desplazaría al ácido cítrico, para formar sulfato de sosa (ley de desplazamiento de los ácidos de Berthelot) esto comprueba hasta la saciedad, que la lucha es una ley universal. Siempre se ve el derecho del más fuerte. Sin embargo, tratándose del hombre, aún hay esperanza de que dé frutos el despertar de las; multitudes, (que en este caso son las que tienen la fuerza) a las nuevas concepciones que se van adquiriendo sobre los falsos motivos que originan las guerras. Cuando las multitudes se den perfecta cuenta de que son el instrumento inconsciente y sufrido de los intereses creados; cuando las masas se percaten que en la esencia de todas las guerras, siempre juegan principal papel, innobles personalismos y desenfrenada codicia de unos cuantos especuladores y que ellas son las únicas sacrificadas; cuando el hombre comprenda de una manera indestructible, que su vida y la vida de su prójimo están sobre todos los intereses y sobre todas las mezquindades de jefes megalómanos; cuando los mujeres de todo el orbe, que son las llamadas a constituir el lazo de unión entre todos los hombres de la Tierra, se coaliguen para oponerse, con toda la ternura de que es capaz su sagrado amor, a que los suyos cometan la tremenda injusticia de la guerra; cuando la guerra en fin sea considerada como una manifestación degradante e indigna, como el robo y el asesinato y los inventores de máquinas mortíferas sean premiados con el más grande desprecio de sus semejantes; cuando toda la Tierra sea una sola patria para la humanidad y cuando Nuestro único Soberano sea una sola justicia para todos, basada estrictamente en la completa igualdad ante la Ley, tal vez la paz nos proteja con su augusto manto. Los templos solamente debían de subsistir como monumentos de arte de la antigüedad y como centros de cultura moral (palabra ésta que encierra un concepto que hemos imaginado 'y que satisface por hoy, nuestro modo de sentir) pero, el dominio de este concepto es desgraciadamente muy elástico, pues tiene que adaptarse a las circunstancias y al grado de cultura material del medio social en el que se quiera aplicar.
Para eso debían de servir las iglesias, para reuniones sociales; para buscar una orientación más ajustada con las aspiraciones del conglomerado humano en lo que se refiere al modo de portarse, al modo de vestirse y al modo de resolver nuestros problemas familiares en el seno de la sociedad. Esa debe ser la única misión de los sacerdotes; iluminar a las masas en ese sentido. En lugar de santos, deben pender de las paredes del templo muchos cuadros murales de propaganda antialcohólica, de propaganda higiénica y de propaganda de las buenas costumbres. Esa debía ser la mejor manera de servir a Dios y sobre todo a la humanidad. Dios no quiere nada para él; ni la fuerza vital que se almacena en cada ser; pues esa fuerza vital que permite a la materia organizada sostener intercambio con el medio ambiente y manifestar los demás fenómenos que caracterizan la vida de los seres como: reproducción y crecimiento etc., etc., al desorganizarse la materia, pierde ese poder temporal, pero queda latente en los electrones de la misma sustancia desorganizada, hasta que nuevamente tiene oportunidad de volver a vibrar en otro conjunto organizado. De modo que el núcleo de vida viene en el huevo de la madre, pero el resto del potencial vital lo cogen los seres vivos del medio ambiente, pues en todos los electrones de materia que nos circundan existen también un micro de potencial vital latente.
El fluido vital es una fuerza que debe ser muy parecida al fluido eléctrico, Y como la electricidad debe estar sujeto a leyes semejantes; debe existir un fluido vital positivo Y otro negativo; cuando esos dos fluidos permanecen en equilibrio es cuando animan a la materia y orientan su agrupación electrónica en tal forma que pueden sostener intercambio con el medio ambiente sin descontrolizar su estructura primitiva.
Cuando ese fluido se desequilibra, entonces la estructura molecular se descontroliza Y se disgrega. Eso es lo que constituye la muerte de la molécula viviente. El hombre no ha podido aún reproducir el fluido vital, pues hasta hoy, necesita un núcleo vital ancestral para almacenarse Y manifestarse. El día que el hombre invente aparatos para medir la graduación vital, construyendo un biómetro, como ha construido un electrómetro, podrá apreciar con precisión la capacidad vital que anima a cada ser viviente, Y podrá regularla a su antojo; ¿a reproducirla artificialmente? Esto tal vez nó; lo fué virtud del espíritu creador.
( Parte 1 de 5 )
Por el Dr. Gustavo Galáz
V:. H:. M:.
de la Resp:. Log:. Sim\
"Chllam Balam"
del Or:. de Mérida, Yucatán, Méx.
Templo propio: Calle 63 No.568.
IMPRENTA "GABINO CONTRERAS."
CALLE 66 NUMERO 565.
MÉRIDA.- YUCATÁN.-MÉXICO.
1930
PROLOGO.
GUSTAVO GALAZ CHACON, diplomado por la facultad Universitaria de Yucatán, como médico cirujano, profesión ésta, que lleva la salud a los cuerpos físicos, se doctora con esta obra en la ciencia de llevar la salud a nuestras almas, pues nos infiltra conocimientos para fortalecer el espíritu, y para hacernos ver la vida con todos los esplendores de la verdad.
Yucatán, ha tenido el privilegio de dar al mundo grandes iniciadores, y por ende, muchas grandes causas que han conmovido al mundo se han iniciado en este Estado de Yucatán. El cuatro de junio de mil novecientos diez, para no remontarnos a fechas más atrasadas, cuando la nación mexicana dormía en el mullido lecho de su cruda felicidad impuesta por la dictadura de Porfirio Díaz, Miguel Ruz Ponce inició en la Ciudad de Valladolid la sagrada chispa de la revolución mexicana que más tarde secundaran en Puebla y que luego encabezara en el Norte el prócer de la democracia Francisco 1. Madero, cuya revolución arrojó para siempre aquella dictadura en el insondable abismo de sus propios errores.
Ahora viene el Doctor Galáz Chacón a iniciar una nueva revolución en el amplio campo de las ideas, para destruir la mistificada teoría que esgrime desde hace muchos años la Iglesia Católica Apostólica y Romana, para su propio bien, acerca de la augusta personalidad de Dios, del origen de la humanidad y la evolución del hombre, con el estudio de éste en sus diferentes aspectos y manifestaciones. Dios, dice el autor, "es la fuerza vital creadora del Cosmos," y la verdad es que esa es la única forma de describir a Dios, que por ser intangible, cada hombre lo siente y cree a su manera. Esta obra se pronuncia contra la creación de Templos dedicados al culto de las Religiones, y nos remite al hermoso Templo de la naturaleza para nuestras oraciones al Gran Arquitecto del Universo. Esa creación imaginativa del autor lo hace construir párrafos de sabor literario, que invitan a seguir leyendo, pues este libro tiene la rara virtud de instruir deleitando. Al atacar el problema de la creación de la humanidad, el autor conviene en la teoría Darwiniana, consistente en el perfeccionamiento del hombre, por medio de la evolución;. pero adiciona esa teoría, haciéndola remontar a la fragmentación de la masa ígnea que nos alumbra, y con silogismos perfectamente hilvanados nos va llevando hasta la aparición de los infusorios, y sostiene que la evolución de éstos en sus diferentes especies, dió al mundo lo que hoy constituye la humanidad.
El autor entra de lleno al estudio del hombre en su evolución progresiva y nos presenta al tipo perfecto que todo lo posee. Las diferentes células de que se compone el organismo humano, son las creadoras de todas las manifestaciones de la vida. Leyendo a Gustavo Galáz Chacón en este libro, se conforta el pensamiento de hombre, porque se le presenta la vida, tal cual es, obra de sus propias acciones. Destruye esta obra la anticuada teoría de la existencia del alma, y sostiene la doctrina, sabiamente explicada, de que ésta no es más que el fluido que desarrolla el cerebro humano y que repercute en los demás órganos. Es para mí timbre de orgullo el que el autor cediendo a los impulsos de la amistad que lo une a mí, me hubiera escogido entre sus amigos para escribir el prólogo de su obra. Acometo atrevidamente la empresa, porque sé que cualquier cosa que yo diga para despertar interés en el texto del libro, será un pálido reflejo de la verdad. Cuando las tareas diarias de los hombres adormecen su cerebro, se hace necesario recurrir a esta obra para inyectarse la savia purificadora que repara las fuerzas perdidas y lo hace a uno propio para la lucha.
Réstame tan solo felicitar al autor por la noble tarea que lleva a cabo con la publicación de esta obra, a la masonería de Yucatán que cuenta entre Sus miembros al V\ H\ Dr. Gustavo Galáz Chacón que honra a la institución y que le dá prestigio dándola a conocer dentro y fuera de su jurisdicción, contribuyendo de esta manera al estudio de una de las ramas que tanto interesan a la humanidad cuyo progreso debe procurar como una de las finalidades de su instituto.
Mérida, marzo de 1930.
Carlos Pérez García.
Al Muy Resp\ Gr\ M\ de la Gr\ Log\ Unida
“La Oriental Peninsular” de AA\ LL\ y AA\ MM\
del Estado de Yucatán y Territorio de Quintana Roo,
Señor Licenciado
Carlos Pérez García.
Es mi deber de masón sincero; es mi deber de hombre civilizado, contribuir con mi grano de arena en la obra magna de iluminación de las conciencias, sumergidas en el oscurantismo; ese nefasto oscurantismo que nos legaran los prejuicios y la influencia del pasado, que por fortuna para la humanidad, ha ido descorriendo sus velos tenebrosos de ignorancia. Es mi deber de miembro de la humanidad, aportar el acopio de mis conocimientos; el arsenal de mi tal vez raquítico, pero bien intencionado dispensario de ideas y luces, para curar los males de mis hermanos, habitantes de este mismo planeta.
No los padecimientos producidos por los agentes químicos y físicos habituales, sino de esa enfermedad del psiquis; de su individualidad consciente, que ha llevado por centurias, como un 1astre fatal, todo el pesado bagaje de fanatismos y de falsos conceptos infiltrados hasta su médula, por sectas más o menos convenencieras, cuyo único fin ha sido medrar y alimentar opíparamente su vida parasitaria; absorbiendo como vampiros la sangre noble de los corazones juveniles e incautos.
Por eso he escrito este libro, para esclarecer muchos conceptos y l1acerlosaparecer a la luz meridiana de esa diosa que nunca nos dejará caer en el vacío de las decepciones ni nos dejara de alimentar con su vivificante savia, la refulgente
verdad. Toca a vos, pues, muy Resp. Gr. Maest., hacer llegar al mayor número de los hermanos, esta mi pobre contribución.
G. GALAN.
Mérida, Yuc., Marzo de 1930.
UNA ADVERTENCIA A MIS LECTORES:
Al escribir este pequeño tratado, solamente me impulsó el deseo que tenia de exponer mi modo de conceptuar algunos fenómenos y de descifrar algunos conceptos. Naturalmente, la mayor parte de lo que aquí expongo, son teorías mías y de otros, pero explicadas a mi modo de ver. No tengo la intención de entablar polémica con nadie y por consiguiente me tiene sin cuidado el juicio que el lector se haga de mi personalidad y de mis ideas.
El que piense conmigo que me conceda alguna razón, si así lo juzga, y el que no comprenda o no quiera aceptar mis concepciones, que siga creyendo en lo que mejor le parezca.
Yo creo que en el orden material el respeto al derecho ajeno es la paz y en el orden moral el respeto a las creencias es la manifestación de la más alta sabiduría y más efectiva civilización.
Sé que difícilmente podremos cambiar a los adultos llenos de pasiones y de convencionalismo. Mi única esperanza está cifrada en las conciencias en embrión, en la niñez, en la juventud que se levanta exenta de prejuicios, libre de lastres, sedienta de verdad.
EL AUTOR.
CAPITULO 1.
DONDE ESTA DIOS?
Dios o Jehová, son palabras creadas por los hombres para nombrar a un ser omnipotente creador del Universo. Para poder existir, necesita haber sido eterno. Si Dios no fuera eterno, entonces cabría preguntar, y ¿a Dios quién lo hizo?.. .Lo que supondría la existencia de un poder superior a él; lo que destruiría su omnipotencia y bien, sentado lo anterior, preguntamos: ¿De qué sustancia es Dios? Es una fuerza? es materia? es de carne y hueso como nosotros? . .En ese caso, bien sabemos cuantos elementos entran en su formación, los cuales necesariamente fueron también eternos. De donde la eternidad de la materia.
Ahora bien, pudo haber sido una simple fuerza; la fuerza vital. Pero, ¿puede la fuerza vital existir aislada de la materia? He ahí el concepto del alma. Luego Dios pudo haber sido una inmensa alma. El total de toda la fuerza vital hoy distribuida en todo el Universo viviente y esa inmensa fuerza vital, por obra de su poder y su voluntad creó la materia de la nada.
Pero ¿es posible hacer de nada algo?. .. Esa nada solamente es concebible mentalmente; en realidad nunca ha existido. En el espacio siempre existieron fuerzas y materia. Algebraicamente cualquier molécula es infinita; el átomo no puede existir; porque el cuerpo más pequeño, el que uno quiera suponer, tiene que ser susceptible de dividirse en dos partes; y así, dividiendo y dividiendo, llegada un momento en que ese algo (en este caso, un llamado átomo de sustancia
cualquiera) se confundiría con la nada (micronésimos de electrones), así nada más se concibe que de una inmensa Nada y bajo el influjo de las fuerzas, combinándose con la materia, hubieran ido condensándose esa inmensa masa de micro electrones para formar el cosmos. El Cosmos era una inmensa masa de micro electrones de todas las sustancias existentes, mantenidas en equilibrio por la neutralización de las fuerzas eléctricas. Más el gran espíritu quiso formar el Universo Y antes formuló sus inmutables leyes. Dio a cada micro electrón de materia sus cua1idades físico-químicas, los combinó con las fuerzas y comenzó el Génesis.
La gran fuerza vital decretó su gran código universal de leyes físico-químicas y dijo: "Estas leyes serán inviolables e incontrastables." "El que las violare recibirá el correspondiente castigo; sea quien fuere el culpable; racional o irracional, delincuente o inocente. Para el Código Universal, no hay justicia ni clemencia, ni injusticia ni sana. Estas son palabras inventadas por el hombre para juzgar de acuerdo con sus intereses. ¿Cómo pues pensar en un Dios magnánimo y justiciero, si al decretar su Código Universal, no tuvo en cuenta estos conceptos creados más tarde por el hombre? Dios dijo en sus decretos: "Los mundos girarán unos al rededor de los otros, impulsados por la gravitación universal y los cuerpos terrestres, serán atraídos hacia el centro de la tierra por la fuerza de la gravedad, etc." A causa de esa ley, cualquier cuerpo abandonado en el espacio, es atraído irremisiblemente hacia la tierra, al menos que no se oponga otra fuerza superior, como la .impulsada por la propela de Un aeroplano o por la fuerza de flotación de una gran masa gaseosa de menor densidad que el aire atmosférico, como en el caso de los dirigibles. Pero de no ser esas dos causas, el cuerpo caerá. Pues bien, un niño de un año, inocente, sin que exista ninguna maldad que achacársele, es abandonado por su madre o su cuidadora, en la azotea de 'un alto edificio; por su misma inocencia, se precipita desde esa gran altura y cae al suelo estrellándose en el pavimento, destrozándose terriblemente como le hubiese pasado a cualquier otro cuerpo rompible, que desde allí hubiese sido arrojado. ¿Es posible que esto pasase si Dios, al formular sus leyes hubiera tomado en (menta los conceptos de justicia e injusticia? . . . . En ese caso, habría que decir que Dios es injusto, pues a cada instante pasan desgracias como ésta. Ese ejemplo y otros más pudiéramos citar a granel. La idealización de un Dios clemente y poderoso capaz de oír nuestras congojas y nuestros ruegos para remediar nuestros males, son nada más manifestaciones de la debilidad humana. Realmente, qué cosa más consoladora que pensar en un ser poderoso y omnipotente, que condolido de nuestros sufrimientos, acudiera a remediarlos.
Cuando el hombre es víctima del infortunio o de la fatalidad y no tiene yá a quién quejarse aquí en el mundo, recurre a un ser supremo instintivamente, buscando protección. . . . ¡Más ay! Dios, ni se enfría ni se calienta. . . no entiende de justicia ni de sufrimientos, él se limita a responder, si es que llegan hasta él, esas plegarias: "las leyes universales, ya hacen millones de años que fueron decretadas; limítate a no violarlas y nada te pasará." "Si alguien te ataca, defiéndete; porque tu cuerpo blando se dejará partir al impulso de otro cuerpo más duro, y huyendo o cubriéndote de una coraza más resistente que el puñal o la bala de tu enemigo, o destruyendo antes a tu propio enemigo, nada más podrías salvarte." "De mí ya no dependes; tu suerte depende de la causalidad; toma tus precauciones y ponte de acuerdo con tus semejantes para hacerse el daño menos posible." "Si quieres aproximarte a la perfección, estudia fielmente las leyes naturales y dales aplicación en tus obras; lee en el libro de la naturaleza; observa y analiza uno por uno todos los fenómenos que atisbes y así podrás alcanzar algo de mi poder." "Tú que debido a mis leyes de evolución de las especies, has llegado al grado de perfección orgánica, que cuentas con un cerebro y una masa gris que te permite pensar y raciocinar, coordina tus observaciones y retenlas en tu memoria para aprovecharlas en bien de lo que tú entiendes por felicidad y lo que tu ser clasifica de placer y alegría.
Tu felicidad depende de la sabia combinación que hagas de la ciencia con tu conciencia." . . . .Si el hombre hubiese comprendido estas frases de Dios, que a diario le repite con sus manifestaciones naturales, no hubiera perdido el tiempo en la construcción de suntuosos templos y en forjar mitos. Desde un principio se hubiese dedicado a buscar la verdad, a estudiar la naturaleza; a no apartarse ni un ápice de ella. Hubiera desde un principio cambiado sus oraciones en contemplaciones y hubiera elegido para templo el cielo abierto. ¿Puede haber mejor templo para admirar al creador de la naturaleza, que el lugar donde mejor se contempla su obra? Ora en el campo en las mañanas de la florida primavera, observando cómo abren sus corolas las lozanas flores y cómo impregnan el ambiente con su fragante perfume? .. .cómo las doradas mariposas revolotean dejando verla policromía de sus sedosas alas, cómo trinan las aves y cómo el aura suave mece los verdeantes follajes de corpulentos árboles, que saben dar frutos para alimento y madera para nuestros menesteres? ... Podrá haber templo más suntuoso que una playa, donde se contempla la inmensidad del océano, con su otro mundo de seres, tal vez precursores de esta animalidad terrestre, bajo una inmensa comba azul, contemplando la salida esplendorosa del gran Sol; del astro rey, fuente de luz y de calor? Por último, ¿Puede haber mejor oración que escudriñar con el microscopio los linderos ignotos del mundo infinitamente pequeño, donde el hombre sorprende la mano de Dios en su infinita y sabia grandeza? El hombre en vez de dedicarse a los sacrificios humanos para aplacar la ira de sus feroces deidades de la antigüedad, en vez de perder su tiempo en la construcción de templos suntuosos y arruinar estérilmente muchas vidas en los conventos en nuestra época contemporánea, en vez de emplear el tiempo en inútiles plegarias cada vez que una calamidad invadió sus moradas, debió ,recurrir a la naturaleza, escudriñar con ojos de la ciencia y juzgar con la crítica de su conciencia y seguramente hubiera encontrado pronto remedio a sus males.
Si vuestro hijo ha sido mordido por un perro rabioso, más efectivas y preventivas serán veinte inyecciones de suero antirrábico que cien velas encendidas a todos los santos y mil plegarias rezadas en todas las iglesias. Si la ciudad está invadida por alguna epidemia, más efectivas serán las precauciones sanitarias, que todas las oraciones y misas que puedan aplicarse. Dios no quiere plegarias ni sacrificios estériles. Dios quiere estudio y observación. Son más dignos de veneración y tienen más contacto con Dios los sabios que han muerto víctimas de la investigación científica, en conquista de la verdad, que cualquiera de los llamados santos que sacrificaron sus vidas estérilmente en ayunos suicidas y morbosos y en plegarias inútiles, excepción hecha de Cristo que fué un cerebro luminoso que con su ejemplo encausó la barbarie de su época hacia la bondad y que predicando una sana moral sembró la semilla sublime de la paz y la resignación, habiendo sido por esto víctima de la maldad humana. Desgraciadamente han pasado casi dos mil años y sin embargo esa doctrina hasta hoy, casi ha fracasado; prueba de ello es la última guerra europea donde el "Homo sapiens" puso a disposición de sus instintos bestiales toda su sabiduría y sus inventos para exterminarse mutuamente. Cristo ignoraba que la lucha es un efecto de los procesos de adaptación de las especies, que es ley universal; que la lucha la engendra la desigualdad moral, intelectual y material de todos los seres de la creación que jamás podrán igualarse; y que este desequilibrio físico y sentimental, en la especie humana, engendrará siempre las rivalidades de clases y por consiguiente la guerra. La paz solamente podrá imperar cuando de una manera matemática sean puestos todos los seres al mismo nivel; mientras tanto será nada más ficticia. El instinto bélico, tal parece que es inherente a todos los seres de la creación. El pez grande se tragará siempre al más pequeño, y los pequeños tratarán de agruparse para hacer resistencia a los grandes. Hasta las criaturas que imaginamos más inocentes y más inofensivas, observándolas nos damos cuenta de que no lo son. Ved por ejemplo a una palomita blanca, de rosado pico, cuya presencia infunde tanta ternura que hasta fué escogida para simbolizar al espíritu Santo. Cualquiera que le ve huir temerosa a los picotazos de una gallina, aseguraría que es inofensiva; pero no es así; esperad que esté sola en el patio y que baje a tragarle sus granos de trigo alguna tortolita y veréis cómo es tan pendenciera como la gallina; y si seguís observando, os daréis cuenta de que la tortolita también se ensaña con las mariposas y así sucesivamente.
Las apariencias de bondad, muchas veces son manifestaciones de cobardía. Si observáis en los vegetales, comprobaréis que las malas yerbas, más resistentes a las inclemencias del tiempo y que quizá se han vuelto más resistentes precisamente en compensación de la guerra que tienen que sustentar con sus exterminadores, (el agricultor y las plantas mimadas) roban a las plantas útiles sus alimentos, las arruinan y las invaden. ¿Acaso en esto no existe una lucha de clases?.
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Y si descendéis más todavía hasta los cuerpos químicos sin vida como los ácidos, veréis al reunirlos con una base como se apoderará de ella, el más fuerte, para formar la sal correspondiente. Por ejemplo: Juntáis ácido carbónico con una base (sosa cáustica) y se formará carbonato de sosa, (sal), pues bien, si después esta sal se pone en presencia de otro ácido más fuerte, como el ácido cítrico, este desplazará al ácido carbónico y se apoderará de la base, formando citrato de soda; y si este citrato de soda, se pusiera más tarde en contacto con el ácido sulfúrico, más fuerte aún, a su vez desplazaría al ácido cítrico, para formar sulfato de sosa (ley de desplazamiento de los ácidos de Berthelot) esto comprueba hasta la saciedad, que la lucha es una ley universal. Siempre se ve el derecho del más fuerte. Sin embargo, tratándose del hombre, aún hay esperanza de que dé frutos el despertar de las; multitudes, (que en este caso son las que tienen la fuerza) a las nuevas concepciones que se van adquiriendo sobre los falsos motivos que originan las guerras. Cuando las multitudes se den perfecta cuenta de que son el instrumento inconsciente y sufrido de los intereses creados; cuando las masas se percaten que en la esencia de todas las guerras, siempre juegan principal papel, innobles personalismos y desenfrenada codicia de unos cuantos especuladores y que ellas son las únicas sacrificadas; cuando el hombre comprenda de una manera indestructible, que su vida y la vida de su prójimo están sobre todos los intereses y sobre todas las mezquindades de jefes megalómanos; cuando los mujeres de todo el orbe, que son las llamadas a constituir el lazo de unión entre todos los hombres de la Tierra, se coaliguen para oponerse, con toda la ternura de que es capaz su sagrado amor, a que los suyos cometan la tremenda injusticia de la guerra; cuando la guerra en fin sea considerada como una manifestación degradante e indigna, como el robo y el asesinato y los inventores de máquinas mortíferas sean premiados con el más grande desprecio de sus semejantes; cuando toda la Tierra sea una sola patria para la humanidad y cuando Nuestro único Soberano sea una sola justicia para todos, basada estrictamente en la completa igualdad ante la Ley, tal vez la paz nos proteja con su augusto manto. Los templos solamente debían de subsistir como monumentos de arte de la antigüedad y como centros de cultura moral (palabra ésta que encierra un concepto que hemos imaginado 'y que satisface por hoy, nuestro modo de sentir) pero, el dominio de este concepto es desgraciadamente muy elástico, pues tiene que adaptarse a las circunstancias y al grado de cultura material del medio social en el que se quiera aplicar.
Para eso debían de servir las iglesias, para reuniones sociales; para buscar una orientación más ajustada con las aspiraciones del conglomerado humano en lo que se refiere al modo de portarse, al modo de vestirse y al modo de resolver nuestros problemas familiares en el seno de la sociedad. Esa debe ser la única misión de los sacerdotes; iluminar a las masas en ese sentido. En lugar de santos, deben pender de las paredes del templo muchos cuadros murales de propaganda antialcohólica, de propaganda higiénica y de propaganda de las buenas costumbres. Esa debía ser la mejor manera de servir a Dios y sobre todo a la humanidad. Dios no quiere nada para él; ni la fuerza vital que se almacena en cada ser; pues esa fuerza vital que permite a la materia organizada sostener intercambio con el medio ambiente y manifestar los demás fenómenos que caracterizan la vida de los seres como: reproducción y crecimiento etc., etc., al desorganizarse la materia, pierde ese poder temporal, pero queda latente en los electrones de la misma sustancia desorganizada, hasta que nuevamente tiene oportunidad de volver a vibrar en otro conjunto organizado. De modo que el núcleo de vida viene en el huevo de la madre, pero el resto del potencial vital lo cogen los seres vivos del medio ambiente, pues en todos los electrones de materia que nos circundan existen también un micro de potencial vital latente.
El fluido vital es una fuerza que debe ser muy parecida al fluido eléctrico, Y como la electricidad debe estar sujeto a leyes semejantes; debe existir un fluido vital positivo Y otro negativo; cuando esos dos fluidos permanecen en equilibrio es cuando animan a la materia y orientan su agrupación electrónica en tal forma que pueden sostener intercambio con el medio ambiente sin descontrolizar su estructura primitiva.
Cuando ese fluido se desequilibra, entonces la estructura molecular se descontroliza Y se disgrega. Eso es lo que constituye la muerte de la molécula viviente. El hombre no ha podido aún reproducir el fluido vital, pues hasta hoy, necesita un núcleo vital ancestral para almacenarse Y manifestarse. El día que el hombre invente aparatos para medir la graduación vital, construyendo un biómetro, como ha construido un electrómetro, podrá apreciar con precisión la capacidad vital que anima a cada ser viviente, Y podrá regularla a su antojo; ¿a reproducirla artificialmente? Esto tal vez nó; lo fué virtud del espíritu creador.
( Parte 1 de 5 )

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