TERCERA PARTE DE 5.
CAPITULO III.
Inteligencia y Conciencia.-Manifestaciones de energía de la sustancia gris del cerebro.-La sustancia nerviosa transformadora de los fenómenos exteriores en fenómenos sensitivos.
El organismo humano es una colectividad de células o entes vivientes, descendientes todos de una célula primitiva, pero que, cual acontece en una población cada grupo de familias se ha dedicado a distintos oficios y provisto cada quién de sus diferentes materiales de trabajos y con los años se han ido perfeccionando en sus labores. La Célula primitiva fue la célula nerviosa, de ella descienden todas las demás. Un grupo se ha dedicado a construir con cal y otros materiales duros, los armazones, el sostén pétreo de la colectividad, el esqueleto; estas son las células óseas y las células conjuntivas; ambas acumulando diversas sustancias han construido el tejido óseo, fibroso y queratoso que sirve de protección y conservación a la comunidad. Otras se han especializado en producir movimiento y calor, acumulando en sus departamentos sustancias especiales para ello; éstas son las más numerosas y constituyen las células musculares. Otras se han especializado a los trabajos de análisis y síntesis para preparar las sustancias que deben servir de alimento a la colectividad, son las células hepáticas, pancreáticas y del tubo digestivo en general. Otras se han dedicado a eliminar del medio, las sustancias perjudiciales e inútiles producidas por los residuos de los intercambios con el medio exterior, estas células son las de los epitelios renales y células pulmonares. Otras se han especializado en la elaboración química de productos estimulantes Y neutralizantes de los centros motores, estas son las células de las glándulas de secreción interna o endocrinas. Otras proporcionan vástagos para la procreación de la especie, estas son las células de los epitelios germinativos del testículo y del ovario. Otras se han especializado en producir vehículos de oxigenación que son los glóbulos rojos de la sangre, estas son las células de los órganos hematopoyéticos, como la médula ósea y el bazo. Otras se han encargado en producir agentes de defensa contra los elementos extraños, constituyendo el verdadero cuerpo de policía del organismo, los glóbulos blancos o leucocitos y que son las células de los órganos linfáticos. Otro grupo, en fin, se ha constituido en gobierno, éste es el sistema nervioso central con su estación principal el cerebro, y sus subestaciones los ganglio s simpáticos y la médula espinal. Todo este conglomerado de células vive sumergido en un humor acuoso salino, donde vierte sus productos de elaboración al mismo tiempo que sus productos de desasimilación. Este humor acuoso es de una composición sensiblemente parecida al agua del mar; tal parece que ésta ha sido imprescindible para la descendencia del infusorio primitivo. Las células del organismo han seguido viviendo en un medio acuático y como los seres acuáticos, del agua ambiente cogen sus alimentos y en ella misma vierten sus excrementos. Los productos químicos que elaboran las células (hormonas y fermentos) son sustancias que no poseen vida propia, pero sí tienen una complejidad y un modo de ser que les dan muchos puntos de contacto con las células vivientes; pueden ser considerados como los eslabones entre la molécula simplemente mineral y la molécula viva. Las células especializadas de cada órgano están comunicadas con el centro principal, por conducto de las células transmisoras. Estas semejan hileras de soldados agarrados por las manos para formar cadenas de contacto. Es curioso observar la dualidad anatómica del organismo constituyendo un cuerpo doble, como si cada mitad fuera distinto individuo, con un hemisferio cerebral, un pulmón, un riñón, un brazo, una pierna, un ojo, etc., etc., y sus correspondientes vasos y nervios. Es un vestigio del origen doble de que proviene el individuo, interviniendo siempre en su formación un espermatozoide y un óvulo; y esta dualidad se comprueba frecuentemente con el distinto grado de sensibilidad que tiene cada mitad del cuerpo. Esto lo he podido confirmar en los millares de enfermos que he tenido necesidad de inyectar; todos con muy pocas excepciones aseguran que un lado les duele más que el otro. Generalmente duele más el lado derecho y yo pienso que se debe a que la actividad funcional de la mano derecha, mayor que la de la izquierda, ha hecho desarrollarse un poco más al hemisferio cerebral izquierdo de donde provienen los nervios que enervan la mitad derecha. Naturalmente, esto es lo contrario en los zurdos. En las anestesias generales el narcótico absorbido por el torrente circulatorio al ponerse en contacto con las células transmisoras de la sensibilidad y que forman los nervios centrípetos, las adormecen y se sueltan de las manos dejando cortada así la comunicación sensitiva. En ese momento al ser atacadas las células por algún instrumento o elemento extraño sufrirán, pero no podrán comunicar su sufrimiento al centro principal donde radica el "yo" animal; el sensorio, centro del dolor y del placer. En la anestesia regional, esto acontece, pero solo con la región desconectada por el adormecimiento de una sola cadena. En el sueño natural sucede una cosa semejante; durante la vigilia y a consecuencia del trabajo del sistema nervioso central, se acumula en las neuronas una sustancia producto de desasimilación celular que embaraza la función sensitiva, traduciéndose en el individuo en sensación de sueño. El sueño viene a ser el reflejo de la excitación ocasionada por la sustancia somnífera. El cerebro desconecta su comunicación con el mundo exterior para desembarazarse de su carga estorbosa y nociva. En el insomnio, las neuronas sobreexcitadas por agentes químicos extraños, se hacen insensibles a la sustancia somnífera habitual, por lo que hay necesidad de recurrir a hipnóticos artificiales como el opio, sulfonal, etc. La sensación de sueño es, para la neurona cerebral, lo que la fatiga es para el músculo. En el músculo se acumula con el trabajo mecánico, ácido láctico que es el que produce la sensación de cansancio traducida en necesidad de reposo, para dar tiempo al torrente sanguíneo de eliminar dicho ácido. Las cadenas motoras que forman los nervios centrífugos, no son sensibles a los anestésicos, no
se desconectan con su presencia, y cuando alguna causa patológica los interrumpe, el grupo de células de su dependencia queda condenado a muerte por su incapacidad metabólica, o entra en un estado de desorden y de anarquía; estas células así descontrolizadas del sistema central, pueden dar nacimiento a neoplasmas y constituir los trastornos tróficos. La enfermedad es la reacción de protesta del conglomerado celular ante la presencia intempestiva y masiva de un agente físico o químico extraño de origen exógeno o endógeno, o la falta de estimulantes habituales. En el primer caso se encuentran todas las infecciones parasitarias y las intoxicaciones alimenticias y medicamentosas. En el segundo caso, se encuentran las enfermedades ocasionadas por la presencia de focos celulares necrosados y las auto-intoxicaciones excrementiciales, y en el tercer caso, las producidas por insuficiencias funcionales. Y decíamos, que solamente hay enfermedad cuando es la irrupción brusca y masiva de dichos agentes, porque cuando esta intromisión es lenta y gradual, las células llegan a convivir con ellos, realizándose la inmunidad Y tolerancia; Y otras veces llegan hasta serles necesarias como en el caso de las toxicomanías. Realmente un morfinómano o un alcohólico no son enfermos, sino más bien habituados; Y la enfermedad aparece cuando falta el tóxico. Naturalmente el hábito a estos tóxicos trae consigo ciertas degeneraciones; pero la degeneración no constituye una enfermedad; más bien es la adaptación al medio que ellos se han creado. El sistema nervioso central por comodidad y para garantía de su buen servicio para con el conglomerado celular que es el organismo, ha establecido otras dependencias especies de sucursales, de las cuales dependen ciertas cadenas transmisoras del movimiento; estas constituyen el sistema neurovegetativo, con los ganglios simpáticos a la cabeza, que se encargan de vigilar el funcionamiento de los pulmones, corazón, intestinos y órganos eliminadores, aun cuando el sistema central esté descansando y durmiendo. Cuando algún tóxico paraliza estas cadenas de células trasmisoras del movimiento, el organismo cesa de funcionar, ocasionándose la muerte. Pues bien, esto es lo que constituye un animal en lo general. Este sistema nervioso central con sus dependencias especializadas y sus cadenas de transmisión, se bastan para mantener la vida del animal, con todos sus instintos, sus goces y sus sufrimientos. Pero en el hombre hay algo más de todo esto; hay un grupo de células nerviosas de sustancia gris localizadas en la corteza del cerebro, tan sobrecargadas de fluido vital, que cuando entran en actividad emiten este fluido en ondas hacia el exterior desarrollando una nueva función orgánica que es el pensar y con el pensar la producción de la idea, del raciocinio, de la memoria, del juicio. De la coordinación perfecta de estos pensamientos nacen los atributos que son: la bondad en las acciones, la pasión en los deseos, la sutileza en las sensaciones; el odio, el amor.
Lo que los teólogos llaman alma no es más que la coordinación del pensamiento. En el sistema nervioso están colocadas tanto células pensantes como células simplemente sensitivas; de ahí el desdoblamiento de la personalidad humana. Por un lado tiene su yo animal con todos sus instintos de reproducción de subsistencia de integridad; necesidades sentidas sin apasionamiento pero con imperiosidad. Por otro lado están las células grises pensantes, constituyendo el psiquis, que idealiza, que descifra los conceptos, que juzga las acciones y que tiene opinión. Hay muchas acciones del hombre enteramente dependientes de su psiquis, como la apreciación de lo bello y el juicio; pero hay otras en que el animal también toma parte, como en los deseos corporales: el de reproducción, el de subsistencia y el de integridad. Muchas veces en la verificación de estas funciones se entabla una lucha entre los dos "yoes" y vence naturalmente el más fuerte. Casi siempre el animal se impone Y el hombre que en un principio piensa morir antes que doblegarse, al sentir el aguijón del hambre obedece mansamente a su bestia y se resuelve a obtener el alimento a toda costa. Todas las debilidades para oponerse a las imperiosas necesidades del animal, son legítimamente humanas. Por eso es peligroso confiarse solamente al psiquis de un hombre; hay que tener siempre en cuenta su animal, que se impone. Al animal nada más lo refrena la voluntad. La voluntad es el supremo poder del psiquis; pero la voluntad hay que desarrollarla ejercitándola; es como la fuerza muscular. Un hombre sin voluntad es esclavo de su bestia y juguete de sus pasiones. Mediante la voluntad puede un buen juicio orientar al hombre hacia la perfección. La bondad es el resultado del perfecto concepto de la equidad y el dominio de la pasión. El afecto, es la compensación de la gratitud por el bien que se ha recibido o que se espera recibir. El amor, es el instinto de la reproducción, propio de la bestia, nada más que inmaterializado por la ilusión y acrecentado por la pasión. La ilusión es la imaginación engañosa. El cariño es una modalidad de la bondad con especial tendencia a la protección ilimitada. El cariño atenuado es lo que constituye la lástima. A nuestros padres, hermanos e hijos, les tenemos afecto y cariño. A la hembra con quien queremos reproducir la especie, cuando interviene el psiquis, le tenemos amor o afecto; pero en la mayoría de los casos lo que se tiene a las mujeres extrañas es siempre afecto y el bien recibido o que se espera recibir es un rato de placer. Otras veces es simplemente una necesidad de la bestia. El odio, es la compensación de la ingratitud por males recibidos o que se esperan recibir. La envidia, es el odio que engendra la sensación de inferioridad. Un cambio de conceptos puede hacer variar el sentimiento de odio al de afecto o viceversa. Al cariño solamente una lesión patológica del cerebro puede desvanecerlo. La maldad puede ser efecto del odio o de la envidia, resultado del instinto bestial predominante sobre el psiquis por retraso mental, o incoherencia del raciocinio por intoxicación o lesión cerebral. El orgullo, es la ostentación de la sensación de superioridad, que muchas veces es ilusoria. La modestia, es la misma sensación, pero disimulada. La humildad es la sensación de insignificancia. La pasión, es el impulso ciego y perenne del sensorio, de tender hacia alguna entidad con asentimiento del psiquis. La inspiración es la nulificación del instinto ante la expansión inusitada del psiquis en un momento dado. La emoción, es la pérdida del control psíquico sobre el sensorio. La emoción puede ser agradable o desagradable. La risa, el quejido, el llanto y las interjecciones de asombro como ¡ay! ¡oh! ¡uy! etc., son el lenguaje inarticulado con que manifiesta el sensorio su sufrimiento, su alegría o su espanto; son independientes del psiquis pero pueden ser controlados por él, como acontece en las personas valientes, La emoción repercute hasta los ganglios simpáticos y esto ocasiona cierta relajación de los esfínteres y aumento de las secreciones; de ahí la secreción de las lágrimas, las micciones y hasta exoneraciones involuntarias. En los animales muy atrasados mentalmente no se presentan estas manifestaciones de alegría o de temor a pesar de provenir del. sensorio que es común al hombre y a las bestias, porque, el miedo lo engendra el recuerdo del dolor y la alegría el recuerdo del placer, sin embargo la adaptación de las especies ha ido desarrollando ese instinto de conservación en los animales atrasados; así vemos como la constante persecución de determinadas especies, ha negado a ser de ellas los tipos mas miedosos y han aguzado sus órganos sensitivos para protegerse mejor; así vemos como los animales selváticos, como el venado y el conejo que saben que son perseguidos por los cazadores ú otros enemigos, han llegado a través de las generaciones a ser agilísimos y miedosísimos; a veces llegamos también a entrever cierto grado de malicia hasta en los animales más pequeños como las hormigas, las pulgas y las cucarachas. Y la alegría y la tristeza también se observan en las bestias inteligentes como el caballo y el perro. El miedo y la alegría son sensaciones precursoras de la emoción. Naturalmente hay muchos grados de emoción; desde la pequeña emoción desagradable, manifestada con una dulce sonrisa y la pequeña emoción desagradable manifestada con una ligera lágrima, hasta la gran emoción que puede ocasionar la muerte súbita por parálisis del corazón. La palidez o la rubicundez indistintamente del rostro, el erizamiento de los folículos pilosos, el paso de la bilis al estómago por relajamiento del esfínter pilórico, con sensación de boca amarga, las deyecciones y micciones involuntarias o la producción de sudores profusos, la aceleración de los latidos cardíacos y hasta el obnubilamiento cerebral son todos manifestaciones de la participación que tiene en la emoción, el sistema vago simpático del organismo. La virtud, es la fuerza de voluntad capaz de refrenar todos los instintos y pasiones. El hombre debe ser virtuoso, bondadoso y modesto, mas no humilde, pues si desgraciadamente lo es, debe esforzarse con toda la vitalidad de que es capaz su ser para emanciparse por medio del estudio de esa dolorosa sensación. Y debe el hombre hacer el bien y detestar la maldad, no por miedo al infierno, "coco" de la humanidad cuando era niña, ni por interés de la recompensa del cielo que también es promesa anticuada y dudosa, sino por la simple e incomparable satisfacción de considerarse un hombre civilizado. Pero para los faltos de voluntad y retrasados mentales, que son incapaces de aquilatar esta incomparable satisfacción, es necesario que exista el recuerdo del castigo material de la ley humana. A esa clase de hombres hay que castigarlos como bestias, pero moralizándolos al mismo tiempo.
A los retrasados mentales hay también que castigarlos educándolos simultáneamente; ya los malvados, por intoxicación o lesión patológica de sus cerebros, asilarlos para impedir sus delincuencias y sujetarlos al tratamiento adecuado. Estos últimos son los únicos en quienes sería inútil el castigo, pues son inconscientes de sus actos. Ahora bien, que el pensamiento es una manifestación netamente cerebral, no tiene discusión. Esta es una verdad completamente comprobada por los alienistas. . . .Que el pensamiento es la emanación de ondas de fluido vital y que el fluido vital es muy semejante al fluido eléctrico; también es muy posible. No de otra manera se explica cómo en muchos casos una persona hondamente preocupada que piensa en otra, llega algunas veces a conectar sus pensamientos con el de dicha otra persona, verificándose la telepatía. El pensamiento debe ser algo así como las ondas hertzianas; lo que pasa es que no tenemos órganos apropiados para captarlas o interceptadas; quién sabe si más tarde se construyan aparatos tan sensibles que transformen esas ondas en sonidos o en ondas luminosas y así se pueda leer el pensamiento ajeno. Cuando eso sea al menos se podrán desenmascarar muchos hipócritas y se sorprenderán in fraganti a los traidores. . Por ahora solamente por los ojos llegamos algunas veces a leer los pensamientos. El nervio óptico que es un compartimiento directo del cerebro, es una verdadera antena receptora y transmisora. ¿Cuántas confesiones no se hacen a diario por este conducto? . . .Mirar unos ojos, conectar un pensamiento y recibir una respuesta es cosa que a cada rato hacen los sexos opuestos. ¿Cuántas veces en la profunda tristeza de unos ojos no leemos el inmenso sufrimiento que atormenta a. un pobre ser?
El ensueño es la auto percepción de la imaginación. El sensorio animal tiene doble comunicación; por un extremo con los órganos de los sentidos y por otro con los centros del psiquis. Mientras se está despierto las manifestaciones del mundo exterior son recibidas por los órganos de los sentidos y transformadas en sensaciones de luz, sonido, sabor, presión u olor, las que simultáneamente controliza el psiquis. Durante el sueño las estaciones receptoras quedan desconectadas para descanso del sensorio y del psiquis mismo. Mas sucede a veces que estando desconectadas las estaciones receptoras de las manifestaciones exteriores, comienza el psiquis a funcionar, emanando ondas pensantes las que al comunicarse con el sensorio son transformadas en sensaciones falsas de luz, sonido, etc., etc., verificándose el ensueño. Lo que quiere decir, que el ensueño es la ilusión realizada durmiendo. El fluido vital tiene las mismas propiedades que el fluido magnético. La mayor masa atrae a la menor; por eso vemos muchas veces a un individuo de alto poder pensante absorberse a otro de poder escaso. Esto es lo que se llama hipnotismo y sugestión. El mismo efecto logran los líderes sobre las multitudes; y no se explica de otro modo las curaciones que llegan a hacer algunos taumaturgos por pura sugestión. El éxito terapéutico de muchos curanderos y aún de muchos médicos titulados, no es más que el efecto del magnetismo vital que poseen. El sistema nervioso reacciona tanto ante la acción dinamogénica de la materia (el medicamento) como a la acción de cualquiera otra fuerza, y entre estas fuerzas especialmente se encuentran el fluido vital; ésta es la psicoterapia; la acción curativa de los agentes físicos se llama en general fisioterapia. Hay una marcada tendencia de todo lo creado hacia la evolución; nada en el Universo es estable; todo lo creado evoluciona hacia la perfección o hacia la degeneración, pero evoluciona. Hay otra marcada tendencia de lo creado a la adaptación. Las plantas, los animales y el hombre mismo se adaptan perfectamente al medio en que viven. Cuando estos seres no lo hacen resultan anormales; en la especie humana estos inadaptados constituyen el grupo de los perversos con tendencia al vicio, de los excéntricos y de los degenerados superiores (hombres prodigios). Así vemos cómo en las grandes profundidades del océano, donde no alcanzan a iluminar los rayos solares; en ese fantástico bosque submarino donde la vegetación es más bien de zoófitos, es decir, de animales-plantas y donde los habitantes son más bien erizos, medusas y otras clases de moluscos y crustáceos, la mayor parte de estos seres vivientes están provistos de órganos luminosos que les sirven para alumbrar su camino y distinguir a sus enemigos y sus alimentos. Gracias a estas numerosas linternas vivientes las tinieblas que reinarían en esos abismos están un poco atenuadas. He aquí la adaptación de los seres al medio en que viven. Cuentan los investigadores de los misterios del mar que esos animales fotógenos producen tanta luz que con uno de ellos se ha podido leer un libro en una noche oscura. Desgraciadamente estos pobres animales al ser extraídos de esas grandes profundidades sucumben por la decomprensión brusca, al cambiar de la presión en que viven a la presión del aire atmosférico. Pues bien, el elemento que se especializa y que se adapta en todos estos seres vivos, es el elemento nervioso; desde la planta hasta el hombre. Nada más que en la planta, las células nerviosas que también descienden de una célula primitiva embrionaria, no llegan a adquirir las especializaciones que alcanzan en los animales. En los vegetales solamente se forman familias especializadas en las
síntesis y el análisis, que constituyen las raíces y las hojas, órganos de alimentación. Las células especializadas en el acaparamiento de sustancias de sostén especialmente celulosa y que constituyen la corteza, los tallos y los troncos y las especializadas en la producción de vástagos que constituyen las flores productoras del fruto y las semillas. El fruto no es más que el alimento almacenado para la alimentación del embrión. Es a la semilla, lo que la placenta es al embrión animal. En los vegetal os esas células nerviosas no han llegado a formar una familia de gobierno.
Se puede comparar una planta con una población sin gobernante pero en donde cada habitante sabe respetar la ley y cumplir con su deber. Después siguen los zoófitos último grupo del reino animal y que constituyen el eslabón entre el reino vegetal y el reino animal. Ya en éstos comienza a esbozarse el sistema nervioso central y así vá perfeccionándose a medida que asciende en la escala zoológica.
A medida que la neurona se carga de fluido vital, se hace más apta, más sensible a las vibraciones del mundo exterior; nace la sensibilidad y con la sensibilidad el instinto de conservación. Las células del sistema nervioso central son las que transforman las ondas vibratorias del éter en sensaciones luminosas, fónicas, eléctricas o caloríficas, según sus alturas sinuosas y sus intensidades. El sistema nervioso periférico especialmente el de las terminaciones digitales, también puede de una manera muy vaga percibir estas vibraciones; pero más bien está encargado de apreciar los cambios de presión y de temperatura; creando el sentido del tacto.
( Parte 3 de 5 )
jueves, 11 de septiembre de 2008
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