jueves, 11 de septiembre de 2008

¿DONDE ESTA DIOS? (CONT....Y FINAL)

QUINTA PARTE DE 5.

CAPITULO V.

Las preocupaciones humanas.-Los milagros.- Las supersticiones y el enigma de la muerte. Desde los más remotos tiempos de la antigüedad el hombre se ha afanado en crearse un sinnúmero de prejuicios para atormentarse. Si nos ponemos a analizarlos serenamente, situados en un plano neta mente positivo y aquilatamos la esencia de esas tontas preocupaciones, nos damos cuenta cuán torpe ha sido, con crearse él mismo, sinsabores y sufrimientos, los que ha tenido que añadir al acervo natural de dolores materiales que trae la fragilidad inevitable de nuestro pobre organismo, que no pudo haber sido construido de un material más suave que la carne. Son bastantes los sufrimientos de nuestro cuerpo con los millones de parásitos que en constante acecho para invadirnos nos tienen siempre en jaque; y no contemos con tantas otras calamidades creadas por la falsa civilización, para destrozarnos. Son tantas las enfermedades que martirizan al hombre y tantos los accidentes que pueden torturar su miserable existencia, que la verdad merece la pena hacer una revisión meticulosa del bagaje de otras preocupaciones que han sido forjadas erróneamente, al calor de falsas concepciones. Vamos a referir nos primero al honor; cojamos este concepto como si fuera un cuerpo material, y pulvericémoslo, analizándolo serenamente para ver hasta qué punto puede aplicarse como dardo en los corazones humanos; pues el falso juicio que de él se ha hecho ha sido causa de muchos suicidios y de crueles sufrimientos; y para ser mejor comprendidos cogeremos un ejemplo, el más vulgar: Un marido al llegar a su hogar encuentra a su cónyuge en brazos de un amante. Antes nos preguntamos y ¿qué es el honor?. . El honor es el derecho a la buena reputación, conquistada con hechos anteriores; pues bien, un hombre cuya vida siempre ha sido ejemplar, le toca en suerte una esposa que no lo ama o que es muy libidinosa y debido a esto se entrega a otro hombre. ¿Qué debe hacer este esposo? . . . Ponerla patitas a la calle y asunto concluido.
¿Con qué derecho puede alguien después mofarse de ese marido?. . El siempre ha sido un hombre honrado y bueno. ¿Qué tiene que ver con que le haya tocado una mala mujer?.
La mujer en este caso no debe ser considerada más que como un objeto cualquiera; uno lo adquiere en la inteligencia de que será útil y bueno; pero resulta que sale falso y de mala calidad. ¿.Qué tiene uno que avergonzarse de eso? ¿Acaso uno lo hizo? ..Ahí su fabricante. . .. ¿Acaso se le hubiera recibido sabiendo que era pacotilla? Seguramente, no. Que se culpe al marido de haber tenido una equivocación, muy en hora buena; pero de eso a sentirse deshonrado hay una gran distancia. El honor de la esposa es su honor y el del marido
es el de él. ¿Qué desprestigio se le puede achacar con que ella hubiera sido mala?. .. Ninguno. Que se avergüencen los padres de la mujer, su familia, que los ha puesto en evidencia. Que se avergüencen sus familiares consanguíneos porque pensarán que el público dirá que para muestra basta un botón; pero el marido, no tiene de qué avergonzarse ni de qué preocuparse. Las mujeres deben ser honradas, no por hacerle un bien al marido, sino por el honor de ellas mismas; por el de sus padres y desgraciadamente por el de sus hijos; esto es por lo que algunas veces se les debe dar un ejemplar castigo, pues sus hijos, sí no podrán quitarse la afrenta que les han hecho.. .y viéndolo bien ni éstos; porque ¿qué culpa se tienen los hijos de las faltas de sus padres? . .. En último caso a los únicos que ofenderá la mala conducta de una mujer será a sus educadores, pues pondrá en completo descrédito el éxito de sus métodos educativos. En cambio la reputación del marido se pondría en descrédito si no tuviera la suficiente fuerza de voluntad para desligarse de su cónyuge infiel. .
*
Otra de las grandes preocupaciones del hombre es la opinión de los demás. ¿Puede haber algo más injusto que la opinión ajena?... En mi concepto el hombre debe conformarse con la opinión de su propia conciencia. Esta es la que debe ser su juez más severo. ¿Qué le preocupa la opinión de los demás, si la opinión de las multitudes es lo más ambiguo que puede imaginarse? La opinión de los demás solo les preocupa hondamente a los farsantes; a éstos aún cuando en sus adentros sean unos perfectos mentecatos, les basta el erróneo juicio de la opinión pública para sentirse
satisfechos. Esto no quiere decir que siempre la opinión pública sea injusta. Hay que diferenciar la opinión pública sensata, de la de las multitudes. Las multitudes son como las espigas de los trigales, se inclinan todas de un mismo lado según sople el viento. Las multitudes opinan según el tiempo y las circunstancias.
El hombre de bien debe serlo sin interés de ninguna recompensa, simple y sencillamente por la satisfacción de sí mismo. Yo he visto a las multitudes adamar a un hombre vivo y al poco tiempo aclamar al asesino de éste. Las multitudes siempre aclaman al que vá a tener el látigo en la mano. La eterna adulación del hombre al poderoso.. . . Ni el fallo de las leyes humanas debe preocuparnos, pues éstas están plagadas de injusticias. Se condena al hambriento que roba un pan en la locura de su necesidad y se absuelve, y aún se le dispensan honores, al político que defrauda el tesoro público en millones de pesos.
Encarcelan al que en defensa de su propia vida hiere a su agresor y en cambio se colman de honores y recompensas al que asesina a mansalva y en masa a los contrarios del partido reinante. ¿Por qué pues, preocuparse de los fallos de la ley, si ésta como los hombres también se inclina según sople el viento? Un mismo delito puede ser considerado como un crimen o como un heroísmo según sea el viento que le sople.
De modo que el hombre no debe atenerse a las opiniones ajenas, debe limitarse única y exclusivamente al juicio crítico de su propia conciencia.
Los llamados milagros, cuando realmente han existido, han sido hechos que por la ignorancia de sus espectadores, no han sabido encontrar las causas físicas o químicas que los han motivado. Por ejemplo: un hombre paralítico abandonado en la vía de un ferrocarril y que al ver venir al tren se ha levantado, esto no es un milagro; una emoción de gran intensidad puede ser considerada como una conmoción eléctrica; el desarrollo brusco e intenso del fluido vital del cerebro en un momento dado, puede re conectar el movimiento despertando a las neuronas conductores de los nervios centrífugos, aletargadas por intoxicaciones patológicas. Lo mismo puede acontecer con cierta clase de ciegos y de sordo-mudos que a consecuencia de una gran emoción han llegado a ver o a hablar. Respecto a las apariciones que algunos llamados santos, dijeron haber visto, no fueron más que alucinaciones delirantes, pues estas personas generalmente han sido religiosos fanáticos, que en sus prácticas piadosas se sujetaban a grandes ayunos y naturalmente llegaban a tal grado de debilidad que comenzaban a ver visiones. Otras veces han sido casos de sugestión y de auto-sugestión, influenciados por el medio en que vivían las gentes de aquellas épocas. Lo cierto es que en nuestro siglo en que la gente ha perdido esa fé ciega, inclusive entre los mismos religiosos profesionales, ya no se habla de ninguna de estas apariciones. Respecto a la creencia de que el espíritu, es decir, el flúido vital, es capaz de manifestarse desprendido de la materia este es un invento de los supersticiosos. Si ellos han tenido oportunidad de ver espíritus éstos no serían tan egoístas de no dejarse ver de todos, sobre todo de los incrédulos, para probarles lo contrario. Pues he aquí que yo jamás he visto un espíritu; y no lo puedo ver, porque tengo la firme convicción de que no existen; que la fuerza vital, no puede actuar separada de la materia. El único espíritu que concibo separado de la materia, es el espíritu creador: Dios. Y esto, porque hay necesidad de suponerlo, como base de todas nuestras concepciones; pero aun este gran espíritu, probablemente nunca se le ha ocurrido manifestarse a los hombres; si es que realmente le habló a Moisés, a Mahoma y a todos esos que tal han asegurado, ¿qué motivo hay para que ahora no nos hable, ahora que según las creencias obtusas está ya condenado el mundo por incrédulo o al menos por semincrédulo?. .. Me parece que sería la oportunidad de que se nos manifestara viéndolo aparecer entre las nubes y diciéndonos: "crean solamente en mí porque he aquí que existo y puedo manifestarme e influir en todas vuestras cosas y vuestros actos; crean en el Papa porque realmente él es mi representante entre ustedes". .. Tengo la seguridad que después de esta aparición, sobrarían todas las demás propagandas religiosas ¿Quién se atrevería a negar lo que ha visto con sus propios ojos? ¿Quién no tendría fe en lo que le consta? Las iglesias se llenarían de gen te y los hombres solo pensarían en ganarse la voluntad divina para ser aceptados en el cielo o recabar de ella la autorización de continuar viviendo en la otra vida eterna, que seguirá a ésta, según los católicos. Conocemos a la humanidad cuán interesada es; si tuviera la seguridad de que las promesas de la iglesia son seguras, no habría persona que no estuviera aferrada a' ellas.
Por otro lado, si algunos hombres somos incrédulos ¿quién se tiene la culpa de ello? ¿Acaso todos tienen la facilidad de creer en lo que se les diga sin exigir pruebas o razones más o menos convincentes? Los católicos dicen que es el espíritu del mal, el diablo, el que conquista a las almas para perderlas. Yo me pregunto ¿por qué Dios que es el espíritu creador, si tiene interés en nuestra salvación, ha consentido que siga existiendo tal diablo? ¿Porqué no lo ha pulverizado y reducido a la nada, si solo se ocupa de cohecharle a sus criaturas? En ese caso, resultan inocentes los hombres. ¿Qué culpa se tienen de que el que todo lo puede les hubiera puesto un diablo para que los conquiste?
Esto es como querer que nuestra hija sea idealmente santa y buena poniéndola a convivir con una perversa ramera.
Y bien, volviendo al tema de los espíritus vulgares, digo que sería de veras mala suerte no haberlos visto nunca. En una ocasión y a raíz de la muerte de uno de mis familiares, me ocurrió algo que, de no poseer la firme convicción de que con la muerte, el fluido vital pasa al estado latente a los mismos electrones que formaron el cuerpo del individuo, pero que es incapaz de manifestarse por sí solo, sino hasta sumarse a otro conjunto organizado, me hubiera autosugestionado y creído ver un espíritu. La casa en que murió mi familiar, había sido abandonada; solamente dormían en ella mi hermano y yo. Una noche de tantas y estando a oscuras, me despertó cierto ruido extraño corno de alguna persona que en chanclas quisiera salirse de la habitación. Desperté; me di cuenta exacta de que no estaba soñando y escuché bien; efectivamente, aquel ruido era real, no era alucinación. ¿Qué será? Busqué las cerillas y encendí una vela; me levanté y no encontré nada. Me acuesto y apago la luz; el ruido vuelve a insistir. Entonces a oscuras, me paré y me acerqué al lugar en que parecía estar la causa; intempestivamente enciendo y encuentro al autor del ruido; era un ratoncito, empeñado en querer introducir a su agujero una cáscara de huevo que probablemente había sido arrojada allí, conteniendo restos alimenticios.
En otra ocasión, tuve necesidad de ir a una comisión a un pueblucho y las buenas gentes de allí me dieron para alojarme, un cuarto que estaba próximo a un vetusto convento en parte derrumbado por la acción del tiempo; dicho cuarto en otras ocasiones había servido para depositar cadáveres; y aún existía en él una gran mesa, chorreada de parafina. Al día siguiente de haber dormido en aquel lugar alguien me interrogó sorprendido, si no había oído nada en aquel infecto aposento, que por supuesto yo ignoraba los usos a que se le había dedicado anteriormente. No, ciertamente nada. Fué mi respuesta. "Pues ahí espantan; nadie se aproxima ni cerca de ese lugar por las noches, pues se oyen ruidos y se han visto salir de él espíritus." Esta fue la noticia que me proporcionó enseguida mi timorato interlocutor. Naturalmente, no niego que me preocupé algo; pero en fin, mis creencias no eran esas; esto me hacía poner en duda tales aseveraciones. Llegó la noche y procuré no dormir. De repente, oí que alguien empujó un postigo y se introdujo; al rato me tocaron el brazo de la hamaca, como si trataran de ver si estaba durmiendo; después sonaron la puerta como si quisieran abrirla para salir. Los ruidos, según eso, eran efectivos; pero ¿quién podría producirlos? ... Indudablemente que allí había algo que los producía. Preparé una cerilla, y en el preciso momento que me tocaban la hamaca, encendí y ¡oh sorpresa! Quién había de ser; un hermoso murciélago. Este fue en esta ocasión el "espíritu chocarrero".
Al poco tiempo de esto, y siendo ayudante de los Médicos Legistas, necesité practicar una autopsia en un villorrio donde el tren llegaba por la tarde y esa vez tenía suma urgencia de regresar al otro día, para presentar un examen. Nos dio la de malas de llegar al pueblo en medio de un furibundo aguacero cero; el que no escapó hasta ya entrada la noche. Pero mi urgencia de hacer enseguida la autopsia, era extrema; de modo que convencí a los médicos y
conquisté a unos borrachitos, previa dotación de "parque", (una botella de ron), para que me acompañaran al camposanto a exhumar los cadáveres. No habían luces; se improvisaron unos quinqués de viento, que al rato se quedaron ahumados... Ya están ahí fuera los cadáveres; hediondos, inflados, parecen muñecos de paja para espantar pájaros en las milpas; con sus cuellos proconsulares y mofletudos; con sus ojos desorbitado s y saltados. Eran cadáveres de tres días. Comienzo a practicar las autopsias; un ayudante me aproxima los quinqués lo más próximo posible para distinguir las lesiones; en tanto la llovizna cae y los médicos vestidos de negro, desde el otro extremo, tapándose las narices con sus pañuelos, semejan dos sombras espectrales; mientras afuera, extra-muros los deudos de los autopsiados, exhalan gritos estridentes, llenos de improperios y de protestas. Al fin terminé las autopsias; todos los curiosos se retiraron; los médicos se fueron a esperarme en el automóvil y los de las linternas se aproximaron a alumbrar a los sepultureros en su faena. Solo yo fui al pequeño depósito de restos macabros, para limpiar mis instrumentos y desinfectarme las manos; encendí una vela y la pegué encima de una de las calaveras que allí se encontraban; como bodega fatídica, solo se veían en ese lugar estibados, sendos envoltorios de huesos, dejando asomar sucias calaveras aún cubiertas de cabellos. Pero he aquí que estando desinfectándome se apaga la vela por el viento y me quedo sumergido en la más profunda oscuridad; al poco rato comienzan a moverse los huesos, a oírse ruidos; alguien tiró la vela. Otra persona habría imaginado que el espíritu, dueño de la calavera, había tirado la vela en señal de protesta, pues efectivamente, no era candelero; pero yo que no creo en eso, no lo pensé; desde luego comprendí de qué se trataba; eran ratas; encendí nuevamente una cerilla y pude confirmarlo. En fin, he citado estos casos para comprobar lo que digo. Los llamados espíritus no existen; los que los han visto son individuos hondamente preocupados por esa idea. En otra ocasión fui invitado a asistir a un centro espirita para presenciar un aporte de flores y felizmente me pude dar cuenta que anteriormente, estaban preparados sendos cubos con dichas flores, hábilmente disimulados en los rincones de la habitación. Lo que sí nunca pude averiguar, es con qué objeto se auto engañaban algunas personas aparentemente cultas, que asistían a esos centros.

Respecto a las creencias en los sortilegios, amuletos y otras cosas por el estilo, estas no son más que un vestigio de los politeísmos ancestrales. Los supersticiosos en ese sentido, pueden considerarse como tipos atrasados cientos de años en su mentalidad, en materia religiosa. Son generalmente gentes incultas, ligadas nefasta mente a su pasado; las abusiones son frecuentes en las razas mentalmente atrasadas. Respecto al enigma que constituye la muerte, en todos los tiempos ha sido motivo de discusiones, habiendo llegado a predominar la creencia religiosa cristiana, de que después de la muerte, el alma queda errante hasta que es aceptada en el cielo o remitida al infierno. Pero, posteriormente, la ciencia ha aclarado que todo esto son cuentos. La muerte es única y sencillamente, la transmutación del fluido vital de su estado activo, al de su estado latente. En las anestesias por cloroformo, el paciente que ha quedado muerto por espacio de varios minutos y que gracias a corrientes eléctricas aplicadas en el corazón, ha logrado resucitar ¿dónde quedó alojada su alma esos instantes? ¿Habrá quedado esperando por encima de las cabezas de los operadores para ver en qué paraba su cuerpo?
¿Es que el alma, es un ente cautivo dentro de nuestro ser, que aprovecha la menor oportunidad para libertarse? Y en los individuos que han sufrido una gran hemorragia, que paulatinamente han sentido escapárseles la vida dentro de su sangre derrama da, y que después, gracias a una transfusión violenta, han vuelto a la vida, han explicado la sensación que experimentaron: "las cosas se fueron opacando; miradas como a través de una niebla; las voces se fueron alejando, apagándose cada vez más hasta que al fín cayeron en el vacío absoluto, en esa negación, donde no se ve, ni se oye, ni se sabe nada" de ahí han vuelto a ser sacados al circular heroicamente la sangre del generoso donante, en sus cerebros. En una ocasión, un famoso fisiólogo, cuyo nombre no recuerdo, adquirió por compra una cabeza de un decapitado; y previamente preparado en su laboratorio, con varios ayudantes y varios donantes de sangre mercenarios, logró al cabo de algunos minutos de decapitado el individuo, adaptarle un poderoso inyector de sangre en sus arterias carótidas; mientras uno inyectaba, otros absorbían la sangre a los donantes; de este modo pudo sostener la vida a aquella cabeza, un buen rato, en que relató en donde había estado después de su muerte. Por ella se supo, que en el mismo instante que la cuchilla cortó de un tajo su cuello, no sintió más nada. Que repentinamente cayó en un profundo abismo, oscuro, bajo el imperio de la nada. Naturalmente estas revelaciones, no las pudo hacer con palabras sonoras, puesto que para poner en vibración las cuerdas vocales, se necesita la acción de los pulmones que obran como fuelle soplador. Las palabras solamente las musitó, hizo la mímica, que necesitó el fisiólogo sagazmente entender y comprobar, escribiéndolas y mostrándolas al descorporado para que confirmara si eso era lo que había querido decir. Sin embargo, cuentan que algunas cabezas de decapitados al ser levantadas por los cabellos para tirarlas, y el verdugo se ha divertido, dándoles una palmada en el rostro, han tenido fuerza para abrir los ojos y mirar llenos de odio al brutal profanador. De modo que con la muerte, termina toda nuestra individualidad material y espiritual. ¡Ay del que no aproveche gozar la vida terrenal en los pocos años que transcurre su existencia! Después, quedará muerto por toda la eternidad; o al menos, hasta que la materia sea esfumada y vuelva su fluido vital a su fuente de origen; a Dios, para comenzar otro ciclo universal.

CAPITULO VI.

Apogeo y decadencia (Ley Universal). - Extinción de los soles. –EI universo de hielo y de tinieblas. Otra tendencia de todo lo creado, es que una vez llegado al apogeo, decaer, marchar hacia la decrepitud, para luego desaparecer. Esta fatal ley, es la misma que nos hace nacer y después nos condena a la vejez y a la muerte. Todos los seres en la naturaleza siguen el mismo cambio; nacen, evolucionan, llegan al pináculo de su apogeo y su esplendor y luego lentamente se apagan para caer hacia el imperio de la nada.
La humanidad ha seguido esa misma ruta. Los caldeos y asirios, razas antiguas de la humanidad, que fundaron la ciudad de Nínive, llegaron con su poder y su pujanza a conquistar y dominar la mayor parte de los pueblos conocidos. Esta fue una raza guerrera y feroz. Los bajo-relieves los representan siempre a caballo, armados de lanza y de arco y en uno de dichos bajo-relieves que eran verdaderos boletines de guerra, uno de los reyes, Senaquerib,
dice: "Los arneses y las armas nadaban en la sangre de los enemigos y mutilé y corté las manos a los prisioneros"; nada le valió a esta raza su ferocidad y su poder, al fin cayó para ceder el terreno a otras razas; sobre Nínive destruida, los Medas y Babilonios fundaron la Babilonia que también llegó a su máximo de poderío y esplendor y después desapareció.
Otro tanto les pasó a los egipcios, raza más antigua aún, que hasta hoy se contemplan los testigos de su grandeza y poderío en las famosas pirámides que han supervivido cinco mil años. Después descollaron los medas y los persas y posteriormente los griegos que fueron sojuzgados por los romanos. Todas estas razas han ido sucesivamente brillando
en todo su esplendor y luego se han apagado para siempre.
En posteriores épocas todavía la inmensa y poderosa Roma, fue invadida por las razas bárbaras que eran razas más jóvenes y florecieron más tarde; los Galos e Hispanos. Estas razas parece también, que han comenzado a entrar en decadencia; siendo actualmente las razas nórdicas: germanos y sajones, los que están en su esplendor. Europa va cediendo ante el empuje de la América Inglesa, y la América Inglesa cederá después ante el poder de la América Indo-Española que ha de surgir potente y avasalladora y luego dominarán al mundo la raza amarilla para ceder de último al empuje y poder de la raza negra, que seguramente con su evolución también llegará a descollar y le tocará dominar.
A medida que las razas van evolucionando, las más viejas, entran en decrepitud y las razas jóvenes al poderío. Así como el cerebro del hombre ha ido aumentando en proporción gradual en el curso de las generaciones durante los miles de años de su existencia, pasando por todos los grados de desarrollo intelectual en que pasa el cerebro de un niño, para llegar a su madurez, también como el cerebro del hombre, entrará en la involución, en la decadencia senil, siguiendo las regresiones que conducen a la decrepitud y a la vejez. La humanidad se envejecerá. La raza latina, raza más vieja que la sajona y mucho más que las otras, está produciendo actualmente adolescentes que tienen la experiencia de hombres maduros y hombres maduros con el cerebro y complexión de ancianos. Las razas nórdicas germano-sajonas, están en su máximo de poderío y más tarde seguirán la misma suerte que las razas decadentes, para ceder el terreno a las más jóvenes consideradas actualmente como razas inferiores. Solamente la mezcla de las razas jóvenes con las razas viejas podrá retardar esta fatal decadencia; como ha pasado con los pueblos indo-latinos que a pesar de descender de una raza vieja como la hispana han conservado su mocedad por la sangre indígena y negra con que se ha mezclado. Cuando ya no queden más razas jóvenes en el mundo, cuando haya envejecido toda la humanidad, los niños tendrán la seriedad de los ancianos y los hombres adultos serán verdaderos dementes seniles, hasta que la humanidad se extinga por agotamiento y surja tal vez la especie de los simios; esto es, si la tierra no ha sido chocad a en el transcurso de los siglos por algún cometa de los que andan errantes por el espacio; pues según Degenhart, la estrella Argelonder que se dirige en línea recta hacia nuestro globo terráqueo, camina con una velocidad de doscientos ochenta y dos kilómetros por segundo, y llegará a la tierra dentro de ciento cuarenta mil años. Según este sabio astrónomo, Argelonder es tan grande que al chocar con la Tierra ésta quedará como un huevo aplastado en una roca sin alterar en nada su majestuosa marcha. Mas si este cálculo fuere errado, como lo han sido otros iguales, también hay que pensar, si la Tierra aún será habitable para los simios; pues por consecuencia lógica, si hemos de admitir con Laplace, que la Tierra fue un fragmento del sol y el sol un fragmento del cosmos universal; si hemos de admitir que la Tierra estuvo muchos millones de años en ignición y que en el curso de los siglos ha llegado a ser lo que ahora es, es de suponerse que está llamada a apagarse completamente, a extinguirse hasta los restos del fuego central. El sol por otro lado, siendo de la misma naturaleza de la Tierra, habiendo provenido del mismo cosmos, tendrá que apagarse; y los hielos que ahora se limitan a cubrir los polos de la Tierra invadirán, sin duda, toda la superficie. Pues tal parece, que las fuerzas al aislarse de la materia e impulsar a los electrones a entrar en movimiento vibratorio continúan escapándose por los electrones del éter ondulante, tal como sucedería con el choque de un cuerpo que cae en un estanque de aguas tranquilas; esas ondas líquidas se propagarían hasta el infinito si el estanque fuera infinito y no se opusieran otras fuerzas como la de gravedad. El espacio es un estanque infinito de éter. Las ondas eléctricas, calóricas, lumínicas y fónicas se desprenden de un foco físico que es cualquier porción de materia entrada en vibración por la fuerza almacenada en ella y se extienden hasta el infinito en las ondas del éter y no se perciben porque son a la vez mezcladas con otras miles de ondas producidas al mismo instante, de otros focos, que a distancia se confunden y se nulifican. Pues bien, esas fuerzas que se van, se irán extinguiendo hasta que llegue un momento en que los cuerpos sean incapaces de producir calórico, ni luz, ni electricidad, ni sonido. Entonces los hielos lo invadirán todo y como el sol se irá apagando como se apagó la Tierra, puesto que ya los astrónomos le han distinguido manchas que suponen sean porciones apagadas y como han observado en otros soles como Antares. por ejemplo, cuya luz rojiza es indicio de fuego que se extingue, lo que indudablemente demuestra un sol en decadencia, nuestro sol se apagará también, para seguir las distintas fases que siguió la Tierra en su enfriamiento y nuestro globo terráqueo quedará sumergido en las profundas tinieblas.
Habrá otro sol que alumbre a nuestro sol actual, convertido en planeta? ¿Surgirá en su superficie la vida, cuando lo permita su temperatura? ¿Cuál será el fin del universo de hielo, hundido en las tinieblas? ¿La materia, al ser abandonada por las fuerzas, volverá a esfumarse para regresar al estado microelectrónico equilibrado de cosmos, para volver otra vez a repetirse el caos? ¿La fuerza vital volverá a su origen primitivo? ¿Volverá hacia Dios? . . . .
Esto es lo más probable; que el universo esté también sujeto a la incontrastable ley de nacer, evolucionar, llegar al pináculo del poderío y esplendor y luego lentamente apagarse para caer otra vez al imperio de la nada y luego repetirse el ciclo universal. Esto que ahora es, quién sabe cuántas veces se habrá repetido en los anteriores ciclos que ha pasado el universo.
( Parte 5 de 5 )

¿DONDE ESTA DIOS? (CONTINUACION)

CUARTA PARTE DE 5.

CAPITULO IV.

El Alma de las cosas.- EI fondo de las necesidades fisiológicas y las falsas apreciaciones de algunos conceptos llamados obscenos. Como anteriormente dijimos en cada electrón de materia existe un micronésimo de fluido vital latente; desde el insignificante grano de polvo hasta la colosa montaña y las inmensas masas siderales llevan en sí, almacenadas, potencial vital en estado latente, incapaz de manifestarse, pero tal vez con cierto principio de intención. Los actos que se verifican aparentemente ciegos y que nosotros consideramos efectuados por obra de la casualidad, tal vez son intencionalmente hechos por las cosas; por esa materia que nosotros creemos inerte y que sin embargo parece tener cierta cantidad de intención; decimos que es nuestro destino; nos resignamos a creer que es nuestra suerte; pero en el fondo es la antipatía fluídica de nuestra materia con esas otras materias. La bolita de madera que en la ánfora siempre se escabulle porque sabe que al salir nos traerá un beneficio, es una bola desafecta a nosotros. Ese proyectil que en lugar de perforarnos el cuerpo no se desvía diez centímetros para pasar sin herirnos, es una bala enemiga; porque cuando la bala es amiga, aun cuando nos la disparen a quemarropa, se embalará en el cañón del revólver, o no estallará para matarnos. Yo he visto un niño de cuatro años edad a quien le pasó un tílburi como de doscientos kilos de peso, en donde iban dos hombres gordos, cuyos pesos sumados al del coche hacían un total aproximado como de cuatrocientos kilos. El peso de ese vehículo en esas condiciones hubiera sido más que suficiente para aplastar a la pobre criatura, si no hubiera actuado en ese momento, esa intención de las cosas que nosotros no acabamos de comprender, pero que realmente existe. He aquí en qué forma este vehículo palpita unísono con los ocupantes para evitar el asesinato del infeliz niñito. Pues bien, el niño al querer atravesar de una acera a otra en la calle, cayó bajo los pies del caballo; uno de los ocupantes el más gordo de los dos, y que estaba sentado del lado en que cayó el niño, al darse cuenta de esto se tiró violentamente, en tanto que el otro solo tuvo tiempo de pararse en el otro estribo; en ese preciso momento la rueda pasó sobre el cuerpo del ni110 derribado, pero en un punto casi único de resistencia de su cuerpecito; en el anillo óseo formado por su hueso coxal y su pubis; la rueda le pasó precisamente dos centímetros por encima de su pene, ya disminuido naturalmente mucho, quizá en más de un cincuenta por ciento, el peso del vehículo; pues la descarga verificada con la tirada brusca de uno de los ocupantes y el contrapeso simultáneo que resultó del otro, parándose en el estribo del lado opuesto, en el preciso momento en que el vehículo consumaba su obra, hizo que la desgracia que debía haber sido mortal para el niño, no le hubiera ocasionado nada más que una ligera excoriación. Si la rueda hubiera pasado un poco más abajo le hubiera aplastado sus organitos sexuales; si hubiera pasado un poco más arriba le hubiera aplastado los intestinos. ¿Qué mano misteriosa hizo que las cosas como si fueran entes pensantes se portaran tan perfectamente?
. . . .
En cambio, todas estas coincidencias se verificarían precisamente contrarias si así lo quisieran.
El muro que ha permanecido erguido durante cien años y espera que alguien pase junto a él para aplastarlo, es un muro mal intencionado. No cabe duda; las cosas tienen su alma; ese odio o ese cariño que nos despiertan los objetos es bien fundado; es ese grado de intención buena o mala que les sorprendemos hacia nosotros. El maquinista que ama a su locomotora porque llega a convivir con ella; los hijos de una familia que aman los objetos nobles que han sabido permanecer firmes prestando sus servicios en el hogar a varias generaciones, como un viejo reloj, un viejo armario, un viejo escritorio, una vieja poltrona, que prestaran sus servicios a nuestros padres o abuelos, que conocieron épocas de opulencia o de desdicha y que, con nosotros compartieron días felices y tristes; objetos abuelos podríamos decir Se oye decir con mucha frecuencia: "¡si estas cosas hablaran, qué cosas no dirían!" Y en verdad así es; las cosas conservan muchos secretos de sus dueños; en ellas han quedado grabadas como en discos de fonógrafo las vibraciones de ondas pensantes y talvez toda clase de ondas. Muchas veces ellas nos evocan dulces o tristes recuerdos de épocas pasadas; muchas de ellas ayudaron a ganar el pan, como una máquina de coser, un instrumento musical; otras nos defendieron valientemente de algún agresor, como un revólver, un bastón; otras fueron testigos de los juramentos de amor de algún ser amado, como una reja, una ventana, etc., etc. Todas estas cosas que son testigos mudos de nuestra vida íntima, palpitan con nosotros. Pero ¿es que estos objetos realmente tienen alma? No pero sí son capaces de almacenar emanaciones fluídicas vitales que les hacen palpitar y adquirir cierto grado de individualidad.

Respecto a las funciones fisiológicas, el hombre a través de las generaciones e impulsado más bien por falsas apreciaciones ha condenado obstinadamente ciertos actos que debían ser tal vez los más nobles; son las circunstancias en que ellos se verifican y las conjeturas que de su ejecución se desprenden, los que los han hecho aparecer ante las conciencias como actos punibles, pero que en realidad no lo son; por ejemplo: el acto de la cópula, que garantiza la procreación de la especie ¿qué motivo hubo para catalogarlo entre los actos obscenos? Sencillamente, la civilización del hombre; la evolución de su intelectualidad; porque el hombre culto no se limita a poseer a la hembra con el fin de satisfacer un acto fisiológico, que en ese caso lejos de ser inmoral seria hasta enaltecedor.. La posesión de la hembra más bien la motivan deseos lascivos e innobles de placer egoísta. Al condenarse al coito como inmoral, no se condena al acto de procreación que en él va incluido sino al vicio que se deja entrever; el hombre se oculta para practicar el coito por la misma razón que oculta sus órganos pudendos, por la preocupación de lo que puedan pensar de él; pero sobre todo porque se ha hecho costumbre. Otras funciones condenadas son la defecación y la micción; esto más bien lo ha ocasionado las circunstancias en que se verifican. La defecación trae consigo la expulsión de materias pestilentes. Muy bien; no se debe mortificar a nadie expulsándolas en su presencia para dárselas a oler; pero eso no quiere decir que hasta mentar el acto sea motivo de vergüenza ¿acaso defecar no es una función tan indispensable como comer? . . . . .
El defecar es una función quizá hasta más imperiosa que el comer; si no tuviéramos facilidad para verificarla, pagaríamos tal vez mucho más que lo que pagamos por la comida y quién se atreve a negar que el defecar no causa tanta satisfacción como la verificación de cualquiera de las necesidades corporales? No está lejano el día que la química nos proporcione alguna droga que, protegida de alguna capa indigerible para escapar a la acción de los jugos digestivos, le permita llegar hasta el colon para combinarse con el éscatol y el indol (gases fétidos de las materias fecales) y formar con ellos gases aromatizados y de agradables perfumes que en vez de nausear perfumen el ambiente. Entonces las gentes podrán expeler libremente los gases estorbosos de los intestinos sin sentirse apenados; y esto será muy natural. ¿Acaso expulsar un gas mortificante en estas nuevas condiciones podrá seguirse considerando como un acto indecente? Lo único que habrá qué hacer será crear otro modo de referirse al acto; por ejemplo diremos: "fulano expelió un aroma que le estorbaba y continuó perorando". Dejaremos la palabra vulgar para los que no usen las grageas calo-osmiantes-cólicas que creo sería el nombre apropiado para esta ideal droga, y dispensen esta parte cómica del tratado. ( Parte 4 de 5)

¿DONDE ESTA DIOS? (CONTINUACION)

TERCERA PARTE DE 5.
CAPITULO III.

Inteligencia y Conciencia.-Manifestaciones de energía de la sustancia gris del cerebro.-La sustancia nerviosa transformadora de los fenómenos exteriores en fenómenos sensitivos.
El organismo humano es una colectividad de células o entes vivientes, descendientes todos de una célula primitiva, pero que, cual acontece en una población cada grupo de familias se ha dedicado a distintos oficios y provisto cada quién de sus diferentes materiales de trabajos y con los años se han ido perfeccionando en sus labores. La Célula primitiva fue la célula nerviosa, de ella descienden todas las demás. Un grupo se ha dedicado a construir con cal y otros materiales duros, los armazones, el sostén pétreo de la colectividad, el esqueleto; estas son las células óseas y las células conjuntivas; ambas acumulando diversas sustancias han construido el tejido óseo, fibroso y queratoso que sirve de protección y conservación a la comunidad. Otras se han especializado en producir movimiento y calor, acumulando en sus departamentos sustancias especiales para ello; éstas son las más numerosas y constituyen las células musculares. Otras se han especializado a los trabajos de análisis y síntesis para preparar las sustancias que deben servir de alimento a la colectividad, son las células hepáticas, pancreáticas y del tubo digestivo en general. Otras se han dedicado a eliminar del medio, las sustancias perjudiciales e inútiles producidas por los residuos de los intercambios con el medio exterior, estas células son las de los epitelios renales y células pulmonares. Otras se han especializado en la elaboración química de productos estimulantes Y neutralizantes de los centros motores, estas son las células de las glándulas de secreción interna o endocrinas. Otras proporcionan vástagos para la procreación de la especie, estas son las células de los epitelios germinativos del testículo y del ovario. Otras se han especializado en producir vehículos de oxigenación que son los glóbulos rojos de la sangre, estas son las células de los órganos hematopoyéticos, como la médula ósea y el bazo. Otras se han encargado en producir agentes de defensa contra los elementos extraños, constituyendo el verdadero cuerpo de policía del organismo, los glóbulos blancos o leucocitos y que son las células de los órganos linfáticos. Otro grupo, en fin, se ha constituido en gobierno, éste es el sistema nervioso central con su estación principal el cerebro, y sus subestaciones los ganglio s simpáticos y la médula espinal. Todo este conglomerado de células vive sumergido en un humor acuoso salino, donde vierte sus productos de elaboración al mismo tiempo que sus productos de desasimilación. Este humor acuoso es de una composición sensiblemente parecida al agua del mar; tal parece que ésta ha sido imprescindible para la descendencia del infusorio primitivo. Las células del organismo han seguido viviendo en un medio acuático y como los seres acuáticos, del agua ambiente cogen sus alimentos y en ella misma vierten sus excrementos. Los productos químicos que elaboran las células (hormonas y fermentos) son sustancias que no poseen vida propia, pero sí tienen una complejidad y un modo de ser que les dan muchos puntos de contacto con las células vivientes; pueden ser considerados como los eslabones entre la molécula simplemente mineral y la molécula viva. Las células especializadas de cada órgano están comunicadas con el centro principal, por conducto de las células transmisoras. Estas semejan hileras de soldados agarrados por las manos para formar cadenas de contacto. Es curioso observar la dualidad anatómica del organismo constituyendo un cuerpo doble, como si cada mitad fuera distinto individuo, con un hemisferio cerebral, un pulmón, un riñón, un brazo, una pierna, un ojo, etc., etc., y sus correspondientes vasos y nervios. Es un vestigio del origen doble de que proviene el individuo, interviniendo siempre en su formación un espermatozoide y un óvulo; y esta dualidad se comprueba frecuentemente con el distinto grado de sensibilidad que tiene cada mitad del cuerpo. Esto lo he podido confirmar en los millares de enfermos que he tenido necesidad de inyectar; todos con muy pocas excepciones aseguran que un lado les duele más que el otro. Generalmente duele más el lado derecho y yo pienso que se debe a que la actividad funcional de la mano derecha, mayor que la de la izquierda, ha hecho desarrollarse un poco más al hemisferio cerebral izquierdo de donde provienen los nervios que enervan la mitad derecha. Naturalmente, esto es lo contrario en los zurdos. En las anestesias generales el narcótico absorbido por el torrente circulatorio al ponerse en contacto con las células transmisoras de la sensibilidad y que forman los nervios centrípetos, las adormecen y se sueltan de las manos dejando cortada así la comunicación sensitiva. En ese momento al ser atacadas las células por algún instrumento o elemento extraño sufrirán, pero no podrán comunicar su sufrimiento al centro principal donde radica el "yo" animal; el sensorio, centro del dolor y del placer. En la anestesia regional, esto acontece, pero solo con la región desconectada por el adormecimiento de una sola cadena. En el sueño natural sucede una cosa semejante; durante la vigilia y a consecuencia del trabajo del sistema nervioso central, se acumula en las neuronas una sustancia producto de desasimilación celular que embaraza la función sensitiva, traduciéndose en el individuo en sensación de sueño. El sueño viene a ser el reflejo de la excitación ocasionada por la sustancia somnífera. El cerebro desconecta su comunicación con el mundo exterior para desembarazarse de su carga estorbosa y nociva. En el insomnio, las neuronas sobreexcitadas por agentes químicos extraños, se hacen insensibles a la sustancia somnífera habitual, por lo que hay necesidad de recurrir a hipnóticos artificiales como el opio, sulfonal, etc. La sensación de sueño es, para la neurona cerebral, lo que la fatiga es para el músculo. En el músculo se acumula con el trabajo mecánico, ácido láctico que es el que produce la sensación de cansancio traducida en necesidad de reposo, para dar tiempo al torrente sanguíneo de eliminar dicho ácido. Las cadenas motoras que forman los nervios centrífugos, no son sensibles a los anestésicos, no
se desconectan con su presencia, y cuando alguna causa patológica los interrumpe, el grupo de células de su dependencia queda condenado a muerte por su incapacidad metabólica, o entra en un estado de desorden y de anarquía; estas células así descontrolizadas del sistema central, pueden dar nacimiento a neoplasmas y constituir los trastornos tróficos. La enfermedad es la reacción de protesta del conglomerado celular ante la presencia intempestiva y masiva de un agente físico o químico extraño de origen exógeno o endógeno, o la falta de estimulantes habituales. En el primer caso se encuentran todas las infecciones parasitarias y las intoxicaciones alimenticias y medicamentosas. En el segundo caso, se encuentran las enfermedades ocasionadas por la presencia de focos celulares necrosados y las auto-intoxicaciones excrementiciales, y en el tercer caso, las producidas por insuficiencias funcionales. Y decíamos, que solamente hay enfermedad cuando es la irrupción brusca y masiva de dichos agentes, porque cuando esta intromisión es lenta y gradual, las células llegan a convivir con ellos, realizándose la inmunidad Y tolerancia; Y otras veces llegan hasta serles necesarias como en el caso de las toxicomanías. Realmente un morfinómano o un alcohólico no son enfermos, sino más bien habituados; Y la enfermedad aparece cuando falta el tóxico. Naturalmente el hábito a estos tóxicos trae consigo ciertas degeneraciones; pero la degeneración no constituye una enfermedad; más bien es la adaptación al medio que ellos se han creado. El sistema nervioso central por comodidad y para garantía de su buen servicio para con el conglomerado celular que es el organismo, ha establecido otras dependencias especies de sucursales, de las cuales dependen ciertas cadenas transmisoras del movimiento; estas constituyen el sistema neurovegetativo, con los ganglios simpáticos a la cabeza, que se encargan de vigilar el funcionamiento de los pulmones, corazón, intestinos y órganos eliminadores, aun cuando el sistema central esté descansando y durmiendo. Cuando algún tóxico paraliza estas cadenas de células trasmisoras del movimiento, el organismo cesa de funcionar, ocasionándose la muerte. Pues bien, esto es lo que constituye un animal en lo general. Este sistema nervioso central con sus dependencias especializadas y sus cadenas de transmisión, se bastan para mantener la vida del animal, con todos sus instintos, sus goces y sus sufrimientos. Pero en el hombre hay algo más de todo esto; hay un grupo de células nerviosas de sustancia gris localizadas en la corteza del cerebro, tan sobrecargadas de fluido vital, que cuando entran en actividad emiten este fluido en ondas hacia el exterior desarrollando una nueva función orgánica que es el pensar y con el pensar la producción de la idea, del raciocinio, de la memoria, del juicio. De la coordinación perfecta de estos pensamientos nacen los atributos que son: la bondad en las acciones, la pasión en los deseos, la sutileza en las sensaciones; el odio, el amor.
Lo que los teólogos llaman alma no es más que la coordinación del pensamiento. En el sistema nervioso están colocadas tanto células pensantes como células simplemente sensitivas; de ahí el desdoblamiento de la personalidad humana. Por un lado tiene su yo animal con todos sus instintos de reproducción de subsistencia de integridad; necesidades sentidas sin apasionamiento pero con imperiosidad. Por otro lado están las células grises pensantes, constituyendo el psiquis, que idealiza, que descifra los conceptos, que juzga las acciones y que tiene opinión. Hay muchas acciones del hombre enteramente dependientes de su psiquis, como la apreciación de lo bello y el juicio; pero hay otras en que el animal también toma parte, como en los deseos corporales: el de reproducción, el de subsistencia y el de integridad. Muchas veces en la verificación de estas funciones se entabla una lucha entre los dos "yoes" y vence naturalmente el más fuerte. Casi siempre el animal se impone Y el hombre que en un principio piensa morir antes que doblegarse, al sentir el aguijón del hambre obedece mansamente a su bestia y se resuelve a obtener el alimento a toda costa. Todas las debilidades para oponerse a las imperiosas necesidades del animal, son legítimamente humanas. Por eso es peligroso confiarse solamente al psiquis de un hombre; hay que tener siempre en cuenta su animal, que se impone. Al animal nada más lo refrena la voluntad. La voluntad es el supremo poder del psiquis; pero la voluntad hay que desarrollarla ejercitándola; es como la fuerza muscular. Un hombre sin voluntad es esclavo de su bestia y juguete de sus pasiones. Mediante la voluntad puede un buen juicio orientar al hombre hacia la perfección. La bondad es el resultado del perfecto concepto de la equidad y el dominio de la pasión. El afecto, es la compensación de la gratitud por el bien que se ha recibido o que se espera recibir. El amor, es el instinto de la reproducción, propio de la bestia, nada más que inmaterializado por la ilusión y acrecentado por la pasión. La ilusión es la imaginación engañosa. El cariño es una modalidad de la bondad con especial tendencia a la protección ilimitada. El cariño atenuado es lo que constituye la lástima. A nuestros padres, hermanos e hijos, les tenemos afecto y cariño. A la hembra con quien queremos reproducir la especie, cuando interviene el psiquis, le tenemos amor o afecto; pero en la mayoría de los casos lo que se tiene a las mujeres extrañas es siempre afecto y el bien recibido o que se espera recibir es un rato de placer. Otras veces es simplemente una necesidad de la bestia. El odio, es la compensación de la ingratitud por males recibidos o que se esperan recibir. La envidia, es el odio que engendra la sensación de inferioridad. Un cambio de conceptos puede hacer variar el sentimiento de odio al de afecto o viceversa. Al cariño solamente una lesión patológica del cerebro puede desvanecerlo. La maldad puede ser efecto del odio o de la envidia, resultado del instinto bestial predominante sobre el psiquis por retraso mental, o incoherencia del raciocinio por intoxicación o lesión cerebral. El orgullo, es la ostentación de la sensación de superioridad, que muchas veces es ilusoria. La modestia, es la misma sensación, pero disimulada. La humildad es la sensación de insignificancia. La pasión, es el impulso ciego y perenne del sensorio, de tender hacia alguna entidad con asentimiento del psiquis. La inspiración es la nulificación del instinto ante la expansión inusitada del psiquis en un momento dado. La emoción, es la pérdida del control psíquico sobre el sensorio. La emoción puede ser agradable o desagradable. La risa, el quejido, el llanto y las interjecciones de asombro como ¡ay! ¡oh! ¡uy! etc., son el lenguaje inarticulado con que manifiesta el sensorio su sufrimiento, su alegría o su espanto; son independientes del psiquis pero pueden ser controlados por él, como acontece en las personas valientes, La emoción repercute hasta los ganglios simpáticos y esto ocasiona cierta relajación de los esfínteres y aumento de las secreciones; de ahí la secreción de las lágrimas, las micciones y hasta exoneraciones involuntarias. En los animales muy atrasados mentalmente no se presentan estas manifestaciones de alegría o de temor a pesar de provenir del. sensorio que es común al hombre y a las bestias, porque, el miedo lo engendra el recuerdo del dolor y la alegría el recuerdo del placer, sin embargo la adaptación de las especies ha ido desarrollando ese instinto de conservación en los animales atrasados; así vemos como la constante persecución de determinadas especies, ha negado a ser de ellas los tipos mas miedosos y han aguzado sus órganos sensitivos para protegerse mejor; así vemos como los animales selváticos, como el venado y el conejo que saben que son perseguidos por los cazadores ú otros enemigos, han llegado a través de las generaciones a ser agilísimos y miedosísimos; a veces llegamos también a entrever cierto grado de malicia hasta en los animales más pequeños como las hormigas, las pulgas y las cucarachas. Y la alegría y la tristeza también se observan en las bestias inteligentes como el caballo y el perro. El miedo y la alegría son sensaciones precursoras de la emoción. Naturalmente hay muchos grados de emoción; desde la pequeña emoción desagradable, manifestada con una dulce sonrisa y la pequeña emoción desagradable manifestada con una ligera lágrima, hasta la gran emoción que puede ocasionar la muerte súbita por parálisis del corazón. La palidez o la rubicundez indistintamente del rostro, el erizamiento de los folículos pilosos, el paso de la bilis al estómago por relajamiento del esfínter pilórico, con sensación de boca amarga, las deyecciones y micciones involuntarias o la producción de sudores profusos, la aceleración de los latidos cardíacos y hasta el obnubilamiento cerebral son todos manifestaciones de la participación que tiene en la emoción, el sistema vago simpático del organismo. La virtud, es la fuerza de voluntad capaz de refrenar todos los instintos y pasiones. El hombre debe ser virtuoso, bondadoso y modesto, mas no humilde, pues si desgraciadamente lo es, debe esforzarse con toda la vitalidad de que es capaz su ser para emanciparse por medio del estudio de esa dolorosa sensación. Y debe el hombre hacer el bien y detestar la maldad, no por miedo al infierno, "coco" de la humanidad cuando era niña, ni por interés de la recompensa del cielo que también es promesa anticuada y dudosa, sino por la simple e incomparable satisfacción de considerarse un hombre civilizado. Pero para los faltos de voluntad y retrasados mentales, que son incapaces de aquilatar esta incomparable satisfacción, es necesario que exista el recuerdo del castigo material de la ley humana. A esa clase de hombres hay que castigarlos como bestias, pero moralizándolos al mismo tiempo.
A los retrasados mentales hay también que castigarlos educándolos simultáneamente; ya los malvados, por intoxicación o lesión patológica de sus cerebros, asilarlos para impedir sus delincuencias y sujetarlos al tratamiento adecuado. Estos últimos son los únicos en quienes sería inútil el castigo, pues son inconscientes de sus actos. Ahora bien, que el pensamiento es una manifestación netamente cerebral, no tiene discusión. Esta es una verdad completamente comprobada por los alienistas. . . .Que el pensamiento es la emanación de ondas de fluido vital y que el fluido vital es muy semejante al fluido eléctrico; también es muy posible. No de otra manera se explica cómo en muchos casos una persona hondamente preocupada que piensa en otra, llega algunas veces a conectar sus pensamientos con el de dicha otra persona, verificándose la telepatía. El pensamiento debe ser algo así como las ondas hertzianas; lo que pasa es que no tenemos órganos apropiados para captarlas o interceptadas; quién sabe si más tarde se construyan aparatos tan sensibles que transformen esas ondas en sonidos o en ondas luminosas y así se pueda leer el pensamiento ajeno. Cuando eso sea al menos se podrán desenmascarar muchos hipócritas y se sorprenderán in fraganti a los traidores. . Por ahora solamente por los ojos llegamos algunas veces a leer los pensamientos. El nervio óptico que es un compartimiento directo del cerebro, es una verdadera antena receptora y transmisora. ¿Cuántas confesiones no se hacen a diario por este conducto? . . .Mirar unos ojos, conectar un pensamiento y recibir una respuesta es cosa que a cada rato hacen los sexos opuestos. ¿Cuántas veces en la profunda tristeza de unos ojos no leemos el inmenso sufrimiento que atormenta a. un pobre ser?
El ensueño es la auto percepción de la imaginación. El sensorio animal tiene doble comunicación; por un extremo con los órganos de los sentidos y por otro con los centros del psiquis. Mientras se está despierto las manifestaciones del mundo exterior son recibidas por los órganos de los sentidos y transformadas en sensaciones de luz, sonido, sabor, presión u olor, las que simultáneamente controliza el psiquis. Durante el sueño las estaciones receptoras quedan desconectadas para descanso del sensorio y del psiquis mismo. Mas sucede a veces que estando desconectadas las estaciones receptoras de las manifestaciones exteriores, comienza el psiquis a funcionar, emanando ondas pensantes las que al comunicarse con el sensorio son transformadas en sensaciones falsas de luz, sonido, etc., etc., verificándose el ensueño. Lo que quiere decir, que el ensueño es la ilusión realizada durmiendo. El fluido vital tiene las mismas propiedades que el fluido magnético. La mayor masa atrae a la menor; por eso vemos muchas veces a un individuo de alto poder pensante absorberse a otro de poder escaso. Esto es lo que se llama hipnotismo y sugestión. El mismo efecto logran los líderes sobre las multitudes; y no se explica de otro modo las curaciones que llegan a hacer algunos taumaturgos por pura sugestión. El éxito terapéutico de muchos curanderos y aún de muchos médicos titulados, no es más que el efecto del magnetismo vital que poseen. El sistema nervioso reacciona tanto ante la acción dinamogénica de la materia (el medicamento) como a la acción de cualquiera otra fuerza, y entre estas fuerzas especialmente se encuentran el fluido vital; ésta es la psicoterapia; la acción curativa de los agentes físicos se llama en general fisioterapia. Hay una marcada tendencia de todo lo creado hacia la evolución; nada en el Universo es estable; todo lo creado evoluciona hacia la perfección o hacia la degeneración, pero evoluciona. Hay otra marcada tendencia de lo creado a la adaptación. Las plantas, los animales y el hombre mismo se adaptan perfectamente al medio en que viven. Cuando estos seres no lo hacen resultan anormales; en la especie humana estos inadaptados constituyen el grupo de los perversos con tendencia al vicio, de los excéntricos y de los degenerados superiores (hombres prodigios). Así vemos cómo en las grandes profundidades del océano, donde no alcanzan a iluminar los rayos solares; en ese fantástico bosque submarino donde la vegetación es más bien de zoófitos, es decir, de animales-plantas y donde los habitantes son más bien erizos, medusas y otras clases de moluscos y crustáceos, la mayor parte de estos seres vivientes están provistos de órganos luminosos que les sirven para alumbrar su camino y distinguir a sus enemigos y sus alimentos. Gracias a estas numerosas linternas vivientes las tinieblas que reinarían en esos abismos están un poco atenuadas. He aquí la adaptación de los seres al medio en que viven. Cuentan los investigadores de los misterios del mar que esos animales fotógenos producen tanta luz que con uno de ellos se ha podido leer un libro en una noche oscura. Desgraciadamente estos pobres animales al ser extraídos de esas grandes profundidades sucumben por la decomprensión brusca, al cambiar de la presión en que viven a la presión del aire atmosférico. Pues bien, el elemento que se especializa y que se adapta en todos estos seres vivos, es el elemento nervioso; desde la planta hasta el hombre. Nada más que en la planta, las células nerviosas que también descienden de una célula primitiva embrionaria, no llegan a adquirir las especializaciones que alcanzan en los animales. En los vegetales solamente se forman familias especializadas en las
síntesis y el análisis, que constituyen las raíces y las hojas, órganos de alimentación. Las células especializadas en el acaparamiento de sustancias de sostén especialmente celulosa y que constituyen la corteza, los tallos y los troncos y las especializadas en la producción de vástagos que constituyen las flores productoras del fruto y las semillas. El fruto no es más que el alimento almacenado para la alimentación del embrión. Es a la semilla, lo que la placenta es al embrión animal. En los vegetal os esas células nerviosas no han llegado a formar una familia de gobierno.
Se puede comparar una planta con una población sin gobernante pero en donde cada habitante sabe respetar la ley y cumplir con su deber. Después siguen los zoófitos último grupo del reino animal y que constituyen el eslabón entre el reino vegetal y el reino animal. Ya en éstos comienza a esbozarse el sistema nervioso central y así vá perfeccionándose a medida que asciende en la escala zoológica.
A medida que la neurona se carga de fluido vital, se hace más apta, más sensible a las vibraciones del mundo exterior; nace la sensibilidad y con la sensibilidad el instinto de conservación. Las células del sistema nervioso central son las que transforman las ondas vibratorias del éter en sensaciones luminosas, fónicas, eléctricas o caloríficas, según sus alturas sinuosas y sus intensidades. El sistema nervioso periférico especialmente el de las terminaciones digitales, también puede de una manera muy vaga percibir estas vibraciones; pero más bien está encargado de apreciar los cambios de presión y de temperatura; creando el sentido del tacto.

( Parte 3 de 5 )

¿DONDE ESTA DIOS? (CONTINUACION)

SEGUNDA PARTE DE 5.

CAPITULO 11.


La Nada.-La Materia.-Y las Fuerzas.-Teoría Cósmica de la Creación Universal.-Época del Fuego.-Lucha de las aguas y el Fuego.- Origen Marino de todos los seres vivientes.-La fuerza vital espíritu de la naturaleza.-La evolución de las especies.

La nada, como ya dijimos, solamente es concebible mentalmente, pero nunca ha existido; pues aún hoy llenando los espacios siderales y en donde quiera que falta materia condensada, está el éter. El éter se encuentra también llenando los espacios intermoleculares de los cuerpos. El éter está formado por los micro electrones de cosmos que aún no han podido condensarse y que han permanecido en equilibrio por acción de las fuerzas neutralizadas. Este éter es el que transmite en ondas vibratoria las fuerzas almacenadas en cualquier cuerpo físico y que nuestro cerebro percibe en forma de calor, de luz, de sonido o de conmoción eléctrica. Un foco físico es cualquier porción de materia impulsada a la actividad vibratoria, a consecuencia del desprendimiento de la fuerza almacenada, por acción del choque con otro cuerpo o con otra fuerza extraña. Esa vibración ondulatoria sería transmitida al infinito, pero cada vez menos perceptible en razón directa de la distancia focal, por la actuación contraria de la fuerza de gravedad sobre la fuerza eléctrica.
La materia es eterna; siempre existió en el espacio, pero, en forma micro-electrónica y en equilibrio estático por acción de las fuerzas neutralizadas; antes de condensarse el cosmos, la fuerza de gravedad era nula. La fuerza vital fue la única que permaneció aislada. Esa fuerza era el gran espíritu del universo; Dios.-Por voluntad de él las fuerzas neutralizadas que mantuvieron en equilibrio a los micro-electrones de materia millones de años, en un instante se separaron, las fuerzas eléctricas chocaron, Y al chocar produjeron una inmensa descarga Y esta chispa colosal fue la que inició la conflagración universal de las inmensas masas de gas hidrógeno Y de gas carbónico, avivada aún más por las inmensas masas de oxígeno.
Quedó pues, condensado el cosmos, convertido en una inmensa masa candente de materia fundida, y al condensarse adquirió peso Y por su mismo peso comenzó a fragmentarse, por la acción vertiginosa de su desplazamiento desorientado Yen una ruta infinita, dando nacimiento a los soles; y esas inmensas masas que constituyeron los soles primitivos, se fragmentaron a su vez y adquirieron movimiento de rotación sobre un eje y otro de traslación en rutas circunscritas al rededor de las masas de origen, constituyendo los planetas Y estos se fragmentaron a su vez para dar nacimiento a los satélites como la Luna. Todos estos fragmentos comenzaron a girar unos al rededor de los otros. Las masas más pequeñas alrededor de masas más grandes, describiendo trayectorias elípticas y permaneciendo mantenidas en esas órbitas por las fuerzas de atracción y de repulsión equilibradas. Este equilibrio es lo que se llama gravitación universal; de modo que las mismas fuerzas que conservaron miles de años en equilibrio estático los micro electrones cósmicos, volvieron a actuar, manteniendo equilibradas las inmensas masas siderales; pero entonces en un equilibrio dinámico, girando, como ya dijimos unas al rededor de las otras, formando así los incontables sistemas planetarios que deben existir en el espacio; pues se supone que esa hermosa vía láctea que vemos en las noches oscuras, son millares de soles colocados a distancias fabulosas de nosotros; y que nuestro sol es una de las estrellas tal vez más pequeñas del espacio; ya que los cálculos astronómicos suponen que Arturo, hermosísimo sol de la constelación de Bootes, es ocho mil veces mayor que nuestro sol y Antares mucho mayor todavía; lo que nos da una idea de la inmensidad del espacio. Nuestro sol se fragmentó y dio nacimiento a los ocho planetas del sistema solar, siendo nuestro mundo, es decir: la Tierra, uno de tantos planetas. (1) La. Tierra permaneció en estado de ignición durante millones de años, como hasta hoy, ha permanecido el sol, pero la inmensa masa de hidrógeno y de oxígeno que en el momento de la conflagración universal, bajo la acción de las corrientes eléctricas, se transformaron en agua, en forma de menudo vapor se remontó a las alturas, siempre bajo la acción de la atracción terrestre, pero a distancia en que la acción del calor no pudiera llegarle.

(1) Últimamente .ya se ha descubierto un noveno planeta.
Esa inmensa masa de vapor al fin se condensó y en torrenciales lluvias cayó sobre la tierra ígnea, y al instante las aguas eran nuevamente evaporadas y así en constante lucha de elementos, del agua y del fuego pasaron muchos miles de años hasta que el agua pudo más que el fuego y el mundo se transformó en una inmensa esfera de agua hirviente con su centro de fuego. Siguieron muchos miles de años de lluvias sobre los mares hirvientes, hasta que en el fondo de ellos la materia fundida, al fin fué enfriada y los mares también se enfriaron. La fuerza vital que hasta entonces había permanecido muy lejos de este teatro de luchas entre los elementos, al fin se aproximó a la tierra y combinándose con las aguas condensadas dio nacimiento a los primeros habitantes de los mares, los infusorios, seres mono celulares que dieron origen más tarde a todos los animales de la creación y las algas, que dieron origen al reino vegetal. Esa gran fuerza vital universal que permaneció alejada de la lucha del fuego y del agua era Dios.
El quiso ceder parte de su esencia y la legó a los primeros seres en forma de vida. Pero esto no lo hizo hasta que el agua no quedó tibia, pues la esencia de Dios, es decir, la vida, no podía resistir temperaturas mayores de cien grados sin perder su virtud catalizadora; su acción de presencia. Así nada más se explica el origen de la vida. Dios cedió parte de su esencia a la materia, para crear a los seres vivos y dijo: "esta fuerza vital no volverá hacia mi, sino hasta al fin del ciclo universal, mientras tanto al desintegrarse la materia viviente, permanecerá latente en los electrones, y con estos, al ser absorbidos en forma de alimento irá nuevamente a sumarse al fluido vital de otros núcleos de origen" . . . . Creó las especies y decretó la evolución de ellas hacia el perfeccionamiento o hacia el exterminio, por obra de las especies más fuertes o más aptas. Muchos cientos de miles de anos deben haber transcurrido para que el infusorio llegara hasta el hombre.
Esos infusorios que dieron origen a los animales superiores y al hombre no deben haber sido los que hasta hoy existen y que darán origen quien sabe a qué clase de animales... " Deben haber sido en forma de espermatozoides y de óvulos que se unieron y dieron nacimiento a seres parecidos a los embriones de los animales actuales. Esta atracción se verificó por la misma causa que ahora se atraen y se buscan en el útero o en los conductos ováricos, cuando los espermatozoides son lanzados a los órganos genitales femeninos dentro del semen eyaculado por el órgano macho, es la acción de quimio-taxia positiva, que no es más que la atracción del flúido vital de distinto nombre. El óvulo está cargado de flúido negativo y el espermatozoide de fluido positivo.
Durante el desarrollo embrionario uno de estos elementos predominará; cuando es el óvulo, dará nacimiento a una hembra, con predominio de fluido negativo, y cuando es el espermatozoide dará nacimiento a un macho, con predominio de fluido positivo; de aquí se deriva la atracción de los sexos opuestos. Las aberraciones de esta ley son casos anormales. Muchos miles de años vivió el hombre en forma de embrión de un día, como tipo adulto; y otros miles en forma de embrión de dos días y así hasta que fue de la forma que es ahora. Primero fue, acuático y cuando los fondos de los mares, bajo el impulso de la expansión de los gases acumulados en el centro de la tierra, surgieron sobre las aguas formando los continentes entonces fue anfibio y después fue únicamente terrestre.
Así pasaron muchos millones de años evolucionando el hombre al lado de otras especies que también evolucionaron de una manera semejante. ¿No encontramos huellas de esta hipótesis en la fauna marina, donde actualmente vemos pejes que son, diríamos, es bozos de los animales terrestres? ¿Acaso la mitología de los antiguos griegos, haciendo surgir a sus dioses de los mares, no pudo haber sido un remoto recuerdo del origen humano! Toda la evolución que sufre el embrión de los animales superiores en su vida fetal ¿no puede ser acaso la historia repetida de su pasado ancestral?
Cada especie ha evolucionado de un tipo primitivo especial. Desde la forma mono celular hasta su forma actual. ¿Acaso el suero salino de la sangre, elemento primordial de todos los organismos animales no puede ser un indicio de aseveración, en pró del origen marino de todas las especies? . . . .Es más lógico pensar, que el hombre haya descendido de tipos ancestrales especiales, y no de la evolución del mono que actualmente conocemos. Y aún más, yo estoy por creer que cada raza humana se originó de un tipo diferente, el tipo blanco fue blanco desde un principio; el negro, negro; el amarillo, amarillo y el cobrizo, cobrizo. Así surgieron del mar, y así siguieron evolucionando muchos miles de años. El hecho de que el tipo blanco sea más adelantado en el orden intelectual, se debe quizá a que sea mucho más viejo. Las razas siguieron evolucionando paulatinamente, cada una en su rumbo.
Pasaron muchos miles de años y el hombre era un ser inconsciente con su cerebro de niño. Ese cerebro que en las épocas modernas, en veinte años adquiere todo su poder intelectual y consciente, pasó muchos miles de años evolucionando lentamente hacia la perfección; la masa cerebral fue cada vez más rica en sustancia gris; las neuronas
cada vez fueron más sensibles; cada vez adquirieron mayor capacidad de potencial vital. El cerebro ya no fue solamente una botella de Leyden, de fluido vital escaso, sino sobrecargada, hasta el grado de emitir ondas vitales; estas ondas vitales son el pensamiento humano. Cuando el hombre pudo pensar, tuvo conciencia de su existencia; a medida que la estructura anatómica de su cerebro fue perfeccionándose y que su sustancia pensante fue aumentando, fue cada vez más apto pasando por todos los grados de la inteligencia; desde el simple instinto, único que poseen los animales inferiores, hasta la genialidad de que es ahora capaz. Todos los grados de inteligencia que vemos adquirir lentamente al cerebro de un niño. Pero, un día en la vida de un niño, fueron mil años en la vida de la especie. El hombre solo tuvo conciencia de su existencia cuando ya estaba casi como actualmente existe y naturalmente no ha podido recordar su origen, porque antes que su cerebro pudiera pensar no tenía conciencia de su existencia. Cuando pudo pensar se encontró ya tal como es en la Tierra. Apenas si tiene recuerdos de su existencia a partir de seis mil años atrás. ¿Qué son seis mil años para los millones de años que hace que surgió su núcleo de origen? . .. Todos esos cuentos que nos hacen en la Sagrada Escritura, son recientes relativamente para que pueda ser la verdadera historia de la humanidad. Esa historia más o menos falsa de su origen nació al calor de su cerebro de adolescente; pero, a medida que su cerebro ha ido haciéndose más consciente, por efecto de la evolución, ha ido desechando esas falsas historias por no ajustarse a su juicio crítico actual. Antes del hombre existieron otros animales terrestres; animales gigantes de los cuales solo se han encontrado sus esqueletos fósiles. Toda esta fauna ciclópea anterior al hombre, pereció sepultada por las avalanchas de materia bruta durante los cataclismos terráqueos, juntamente con los inmensos bosques de corpulentos árboles que hoy constituyen los yacimientos petrolíferos de las entrañas de la tierra. Esos grandes cataclismos tal vez los contempló la humanidad inconsciente. Cuando el hombre era otro de tantos animales selváticos; inocente, tiritando de espanto al lado de su hembra y de sus hijos; acurrucado tal vez debajo de alguna caverna. Tiempos remotos de la antigüedad de los cuales no queda ninguna huella. Desde que Dios cedió parte de su esencia a la materia para crear los seres vivos, dispuso que esa esencia, al morir la individualidad de cada ser, automáticamente quedara ese fluido vital, latente en los electrones de materia que constituyeron ese cuerpo. Casi al instante de muerto el individuo invaden su organismo millones de seres microscópicos que hacen pasto en sus despojos. De modo que allí donde muere la vida de un ser superior, surge la vida de millones de seres inferiores; no son otra cosa las bacterias de las fermentaciones que invaden a todas las materias orgánicas entradas en putrefacción; Nuestro mísero organismo a las veinte y cuatro horas de la muerte es pasto de millones de micro-organismos. Primero las bacterias de la fermentación acética, después las de la butírica y de último las de la fermentación amoniacal. Las primeras fermentan las materias azucaradas con producción de ácido acético; las segundas, fermentan las grasas, desdoblándolas en sus ácidos grasos volátiles de olor nauseabundo y las últimas que producen la fermentación amoniacal de las sustancias albuminoides. Nuestro pobre cuerpo a los pocos días de muerto no es más que una asquerosa masa corrupta y pestilente, nido de diversas variedades de larvas, de moscas sarcófagas. Henri Barbusse en su libro "El Infierno" dice: .. . . "En el frágil ataúd, será mi cuerpo presa de los insectos, de pulular irresistible de sus larvas. ¡invasión incontable que se multiplica! Linneo ha dicho que tres moscas consumen un cadáver tan pronto como pudiera hacerlo un león. Los bichos de los cementerios se suceden por períodos. Cada especie llega a su tiempo, de suerte que se conoce la edad de un cadáver por la clase de insectos que en él se ceba. Unas moscas muy menudas, las curtoneuras, asedian al cuerpo algunos instantes antes de la muerte. Ciertas emanaciones les indican la inminencia de un suceso que va a procurarles una rebosante abundancia para sus larvas, y cargadas de huevos, porfían ya por depositarlos en las narices, en la boca y ojos del moribundo. No bien cesa la vida, acuden otras moscas. Desde que el pobre soplo de corrupción se hace sentir, acuden muchas más: la mosca azul, la mosca verde, cuyo nombre científico es Lucila Coesar, y el gran moscardón llamado el "gran sarcófago" que tiene el tórax surcado de rayas blancas y negras. La primera generación de estas moscas, atraída por la espantosa señal, puede formar por sí sola en el cadáver de siete a ocho generaciones que crecen y se acumulan durante tres a seis meses. Cada día, dice Megnin, las larvas de la mosca azul aumentan doscientas veces otro tanto de su peso. La piel del cadáver es entonces de un color amarillo tirando a rosa, el vientre de un verde claro, la espalda de un verde oscuro. Luego la descomposición cambia de naturaleza. Sigue la fermentación butírica que produce unos ácidos crasos llamados vulgarmente sebo de cadáver. Esa es la sazón de los dermestos-insectos carnívoros, que producen larvas provistas de largas cerdas y mariposas que reciben el nombre de aglosas. Las larvas de los dermestos y las orugas de las aglosas presentan la particularidad de que pueden vivir en las materias crasas y se amoldan como la manteca al fondo de los ataúdes. Algunas de estas materias cristalizan y relucen luego como lentejuelas en el polvo definitivo. Después acude un cuarto escuadrón, que acompaña a la fermentación caseica, y se compone de unas moscas, las piefidas, que producen los gusanos del queso a los cuales se les conoce fácilmente por los saltos característicos que ejecutan y unos coleópteros, los corinetos. La fermentación amoniacal, la licuefacción negra de las carnes,'atrae una quinta invasión, forma da de moscas que reciben los nombres de loncheas o firas y foras, y son tan numerosas, que en los cadáveres exhumados en el curso de este período, los restos negruzcos de sus crisálidas semejan, según la expresión de un médico legista, las "queresas de los jamones" Y cuando se extrae el féretro y se le destapa, durante esa fase, salen de él nubes de moscas. La descomposición delicuescente negra atrae también a unos coleópteros, las sílfides, y a las nueve especies de necróforos. La putrefacción ha consumado ya casi del todo su obra El período que luego empieza es el de desecación y momificación del cadáver bajo los sudarios y mortajas almidonadas por los líquidos gelatinosos del período anterior. Todo]o que queda de materia blanda, pasta orgánica harinosa y jabones Amoniacales, lo devora otra especie de insectos: unos acarios redondos y ganchudos, casi invisibles a simple vista. Su número se decuplica de quince en quince días; al principio eran veinte, al cabo de dos meses y medio son dos millones. A los acarios sucede una séptima inmigración. La forman las aglosas que ya acudieron al empezar la destilación de los ácidos crasos y luego desaparecieron. Estas aglosas roen, asierran, desmenuzan los tejidos apergaminados, los ligamentos y tendones, transformados en una materia dura de apariencia resinosa, así como los pelos, y la ropa. El cuerpo toma entonces un color de oro bronceado y esparce su fuerte olor a cera. Por último al cabo de tres años, acude el enjambre final de obreros. Estos devoran todo lo que queda, hasta los restos de los insectos que en estado de larva se sucedieron en el cadáver. El que arrambla con las sobras es un menudo coleóptero negro, cuyo nombre científico es el de "tenebrios obscurus." Gran parte de nuestra materia se transforma en gases que vuelven al aire y el resto vuelve a la madre tierra para fertilizarla.., de esa tierra se alimentarán las plantas y de las plantas los animales y el hombre mismo y así quedará formado el obligado ciclo de la vida. (Durante los últimos años de mi vida estudiantil, que los pasé cortando muertos, en mi macabro empleo de ayudante de los Médico -legistas, pude darme perfecta cuenta de todo esto, en ese lapso en que las escenas de dolor y podredumbre anduvieron siempre a mi
lado. Tal vez, de tanto tratar con el dolor acabé por hacerme insensible a él. . .. Tanto he visto a los hombres en sus últimos reductos y he mirado tantos cuerpos hediondos consumirse bajo el fuego voraz de la podredumbre, que embargado de profunda tristeza muchas veces pensando en todo esto me :he preguntado.. . . y, total, ¿,para qué tantas desesperaciones por la vida?. ., ¿Para qué tanta ambición y tanto egoísmo? . . . . ¿Para qué tanta vanidad, si al final siempre hemos de pasar por ese fangoso camino?. ., Pero después he meditado Y desarrollando nuevos bríos me he contestado, resuelto: ¡sí, muy bien! Será esa la verdad escuálida; pero nosotros somos los payasos de la vida y reiremos a pesar de ello. . . .¿Qué nos importa todo eso cuando nuestros corazones están sedientos de amor? ¿Qué puede el recuerdo de la muerte, cuando la carne aún está sedienta de placer Y el alma lo está de gloria ? ¿Qué nos importa el pasado y qué el porvenir? . . .. Gocemos el presente, si gozar se puede; libemos felices el néctar de la alegría en las doradas copas de la juventud; embriaguémonos de amor, hasta quedar ahítos, bebiendo la sangre de Venus afrodita en el cáliz purpúreo de sus labios.... y dejemos correr la bola. . . . Nosotros esperaremos serenos lo que venga). y bien, siguiendo el hilo de nuestro tema, decíamos que la entidad individual muere; pero ni su fluido vital, ni su materia, ni sus obras mueren.

Un hombre muere; su materia Y su fluido vital seguirán el ciclo forzado de la vida y sus obras si fueron dignas pasarán al caudal preciado de la humanidad. Mientras el hombre era un ser irracional moría y de él no quedaban huellas sobre la tierra; pero cuando su cerebro alcanzó un grado de desarrollo tal que además de recibir las sensaciones del mundo exterior, pudo emanar ondas de energía vital, cuando las neuronas sobrecargadas de fluido, vibraron y produjeron el pensamiento, el hombre tuvo necesidad de comunicado a sus semejantes!; y los cuatro o cinco gritos de que se valía para manifestar sus necesidades bestiales, tuvo necesidad de articularlos y creó su lenguaje hablado (M. Lauternau, en su obra "Ciencia y Materialismo", se refiere a tribus salvajes del centro del África los bosquimanos que apenas si pueden ser distinguidos de otras tribus de monos antropomorfos, "phitecantropus erectus", que también tienen formado esbozos de poblaciones, reconociendo autoridad a un jefe, probablemente al mono más fuerte. Hace notar que muchas veces es difícil distinguir una tribu de salvajes, de una tribu de monos, porque ambos se tocan de la mano en su atraso mental; ambos tienen por lenguaje simples gritos o si acaso, unas cuantas palabras; esto comprueba cómo a medida que el hombre va progresando en su función mental va creando igualmente palabras para expresar sus, pensamientos.)
Después quiso que aprovechasen sus hijos los conocimientos que sus largos años de vida le habían permitido adquirir, e ideó dejar los grabados con signos, e inventò1a escritura del pensamiento. A partir de esto ya pudo cada generación aprovechar los estudios de las generaciones anteriores .y así fue como la humanidad pudo ir acumulando su caudal de conocimientos; así surgió la Historia y la Ciencia. Entonces el hombre moría, pero dejaba escrita su obra; y su recuerdo se hacía inmortal entre sus descendientes. Desde que el hombre pudo dejar escritos los frutos de su estudio y de su experiencia, comenzó el desarrollo intelectual, de la humanidad. Nacieron las artes y comenzó el progreso. Nació en su mente el deseo ferviente de la investigación de lo desconocido, y en esta empresa, temerariamente se afrentó con los elementos; se aventuró a surcar los mares y tuvo que luchar con las tempestades. Las fuerzas y la materia indignadas contra su osadía trataron de amedrentado para que desistiera de su empeño y con terribles rugidos el abismo le lanzó sus amenazas:" ¡Criatura indefensa que quiere penetrar en los misterios insondables de lo ignoto!.. .. Ya propósito del concepto que nos deja la tempestad, repetimos las palabras del gran Víctor Hugo, que dijo: - "Nada es comparable al rugido del abismo, que es la inmensa voz bestial del mundo." "Lo que denominamos la materia, ese organismo insondable, esa amalgama de energías inconmensurables, en que ciertas veces se distingue una cantidad imperceptible de intención que hace estremecer; ese Cosmos Ciego y nocturno, ese pan incomprensible tiene un grito, grito extraño, prolongado, terco, perenne, que es menor que el de la palabra, pero mayor que el del trueno; ese grito es el huracán. Las otras voces, los cantos, las melodías, los clamores, salen de los nidos, de las nidadas, de las parejas de los himeneos; la voz de la tromba brota. De esa Nada que es el Todo. Aquellas voces expresan el alma del Universo; esta expresa su monstruo, es lo deforme gritando, es lo inarticulado hablando por medio de lo indefinido. ¡Espectáculo patético y aterrizador! Esos rumores dialogan por encima y más allá del hombre, se elevan, se abaten, ondulan, producen ondas de ruido, dan toda clase de sorpresas feroces al espíritu; ya estallan a nuestros oídos con la importunidad del clarín; .ya tienen la voz ronca de las lontananzas; murmullo vertiginoso
que se asemeja al lenguaje y que es un lenguaje en efecto; es el esfuerzo que hace el mundo para hablar, es el tartamudeo del prodigio. En ese gemido manifiéstese confusamente todo lo que tolera, sufre, acepta y rechaza la enorme palpitación tenebrosa. Frecuentemente la arrastra la sin razón y se parece a un acceso de enfermedad crónica, y es más epilepsia difundida que fuerza empleada y creemos asistir a la caída del supremo mal en el infinito. Hay instantes en los que parece que el espacio se queja, se lamenta y se justifica como si pleiteas e por la causa del mundo; entonces creemos adivinar que el mundo es un proceso, que se escucha su lectura que se trata de asirse de las razones alegadas, de ver el pró y el contra temible; porque hay gemidos en la oscuridad que tienen la tenacidad de un silogismo. Inmensa turbación para el pensamiento; en ella está la razón de ser de las mitologías y de los politeísmos. Completan el espanto de esos grandes murmullos perfiles sobrehumanos que tan pronto corno se perciben se desvanecen; de euménides aéreas; de pechos de furias dibujados en las nubes, de quimeras plutonianas adivinadas; aterrorizan sus sollozos, sus risas, su agilidad para producir fracasos, sus preguntas y sus respuestas indescifrables y su llamamiento a auxiliares desconocidos. El hombre ignora lo que va acontecer en ese encadenamiento espantoso y sucumbe ante ese enigma de entonaciones draconianas. ¿Qué comprende de ellas? ¿Qué significan? ¿A quién amenazan? ¿A quién suplican? Se ve que en ellas hay como un desencadenamiento. Vociferaciones de precipicio a precipicio del aire al agua, del viento a las olas, de la lluvia a las rocas, del cenit al nadir, de los astros a las espumas. Tal es su tumulto." Esos son los detalles de una tormenta conceptuados por este ilustre pensador; tal es el furor de la lucha entre esos dos grandes titanes, el viento yel océano; mas nada de ello amedrentó al hombre y temerario surcó los mares sediento de conquista. Muchos de los grandes navegantes encontraron sus tumbas en el inmenso piélago; más ¿qué importó si. otros pocos llegaron hasta el fín? Colón, Magallanes Vasco de Gama, genios invencibles que legaron nuevos mundos a sus descendientes y esculpieron sus nombres en los horizontes inmarcesibles de la fama; hombres indomables que trazaron nuevas rutas, descifraron nuevos fenómenos y supieron hacer luz en las tinieblas. Hasta que el hombre ha llegado casi a dominar a los elementos. Aprovecha las fuerzas de las aguas para mover sus máquinas; ha puesto trampas al rayo, para capturarlo y utilizarlo, y esa gran fuerza que estremece en los abismos, esa gran fuerza que produce el trueno sembrando el pánico, es decir, la electricidad, ahora es su esclava. Ella mueve incansable nuestras máquinas; ella con su potente luz ha descorrido los crespones tenebrosos de las tinieblas iluminando los antros encantados de la tierra y anulando la noche en sus negruras. Ella en fin ha venido a sustituir miles de brazos de pobres esclavos en todos los menesteres de la humanidad. Nada ha quedado vedado al hombre; cruza las profundidades del océano con sus submarinos, surca los aires con sus aviones y de un continente al otro manda su voz y su música y sus imágenes en alas de esa misteriosa fuerza que antes era su espanto; el fluido eléctrico. Loor a los genios incansables; esos superhombres que han dejado y dejarán estelas luminosas en su paso por la tierra: Franklin, Edison, Marconi, etc. ( Parte 2 de 5 )

lunes, 8 de septiembre de 2008

¿DONDE ESTA DIOS?

( ENSAYOS FILOSÓFICOS.)


Por el Dr. Gustavo Galáz

V:. H:. M:.
de la Resp:. Log:. Sim\
"Chllam Balam"
del Or:. de Mérida, Yucatán, Méx.


Templo propio: Calle 63 No.568.


IMPRENTA "GABINO CONTRERAS."
CALLE 66 NUMERO 565.
MÉRIDA.- YUCATÁN.-MÉXICO.


1930


PROLOGO.


GUSTAVO GALAZ CHACON, diplomado por la facultad Universitaria de Yucatán, como médico cirujano, profesión ésta, que lleva la salud a los cuerpos físicos, se doctora con esta obra en la ciencia de llevar la salud a nuestras almas, pues nos infiltra conocimientos para fortalecer el espíritu, y para hacernos ver la vida con todos los esplendores de la verdad.

Yucatán, ha tenido el privilegio de dar al mundo grandes iniciadores, y por ende, muchas grandes causas que han conmovido al mundo se han iniciado en este Estado de Yucatán. El cuatro de junio de mil novecientos diez, para no remontarnos a fechas más atrasadas, cuando la nación mexicana dormía en el mullido lecho de su cruda felicidad impuesta por la dictadura de Porfirio Díaz, Miguel Ruz Ponce inició en la Ciudad de Valladolid la sagrada chispa de la revolución mexicana que más tarde secundaran en Puebla y que luego encabezara en el Norte el prócer de la democracia Francisco 1. Madero, cuya revolución arrojó para siempre aquella dictadura en el insondable abismo de sus propios errores.
Ahora viene el Doctor Galáz Chacón a iniciar una nueva revolución en el amplio campo de las ideas, para destruir la mistificada teoría que esgrime desde hace muchos años la Iglesia Católica Apostólica y Romana, para su propio bien, acerca de la augusta personalidad de Dios, del origen de la humanidad y la evolución del hombre, con el estudio de éste en sus diferentes aspectos y manifestaciones. Dios, dice el autor, "es la fuerza vital creadora del Cosmos," y la verdad es que esa es la única forma de describir a Dios, que por ser intangible, cada hombre lo siente y cree a su manera. Esta obra se pronuncia contra la creación de Templos dedicados al culto de las Religiones, y nos remite al hermoso Templo de la naturaleza para nuestras oraciones al Gran Arquitecto del Universo. Esa creación imaginativa del autor lo hace construir párrafos de sabor literario, que invitan a seguir leyendo, pues este libro tiene la rara virtud de instruir deleitando. Al atacar el problema de la creación de la humanidad, el autor conviene en la teoría Darwiniana, consistente en el perfeccionamiento del hombre, por medio de la evolución;. pero adiciona esa teoría, haciéndola remontar a la fragmentación de la masa ígnea que nos alumbra, y con silogismos perfectamente hilvanados nos va llevando hasta la aparición de los infusorios, y sostiene que la evolución de éstos en sus diferentes especies, dió al mundo lo que hoy constituye la humanidad.

El autor entra de lleno al estudio del hombre en su evolución progresiva y nos presenta al tipo perfecto que todo lo posee. Las diferentes células de que se compone el organismo humano, son las creadoras de todas las manifestaciones de la vida. Leyendo a Gustavo Galáz Chacón en este libro, se conforta el pensamiento de hombre, porque se le presenta la vida, tal cual es, obra de sus propias acciones. Destruye esta obra la anticuada teoría de la existencia del alma, y sostiene la doctrina, sabiamente explicada, de que ésta no es más que el fluido que desarrolla el cerebro humano y que repercute en los demás órganos. Es para mí timbre de orgullo el que el autor cediendo a los impulsos de la amistad que lo une a mí, me hubiera escogido entre sus amigos para escribir el prólogo de su obra. Acometo atrevidamente la empresa, porque sé que cualquier cosa que yo diga para despertar interés en el texto del libro, será un pálido reflejo de la verdad. Cuando las tareas diarias de los hombres adormecen su cerebro, se hace necesario recurrir a esta obra para inyectarse la savia purificadora que repara las fuerzas perdidas y lo hace a uno propio para la lucha.

Réstame tan solo felicitar al autor por la noble tarea que lleva a cabo con la publicación de esta obra, a la masonería de Yucatán que cuenta entre Sus miembros al V\ H\ Dr. Gustavo Galáz Chacón que honra a la institución y que le dá prestigio dándola a conocer dentro y fuera de su jurisdicción, contribuyendo de esta manera al estudio de una de las ramas que tanto interesan a la humanidad cuyo progreso debe procurar como una de las finalidades de su instituto.

Mérida, marzo de 1930.
Carlos Pérez García.
Al Muy Resp\ Gr\ M\ de la Gr\ Log\ Unida
“La Oriental Peninsular” de AA\ LL\ y AA\ MM\
del Estado de Yucatán y Territorio de Quintana Roo,
Señor Licenciado
Carlos Pérez García.

Es mi deber de masón sincero; es mi deber de hombre civilizado, contribuir con mi grano de arena en la obra magna de iluminación de las conciencias, sumergidas en el oscurantismo; ese nefasto oscurantismo que nos legaran los prejuicios y la influencia del pasado, que por fortuna para la humanidad, ha ido descorriendo sus velos tenebrosos de ignorancia. Es mi deber de miembro de la humanidad, aportar el acopio de mis conocimientos; el arsenal de mi tal vez raquítico, pero bien intencionado dispensario de ideas y luces, para curar los males de mis hermanos, habitantes de este mismo planeta.
No los padecimientos producidos por los agentes químicos y físicos habituales, sino de esa enfermedad del psiquis; de su individualidad consciente, que ha llevado por centurias, como un 1astre fatal, todo el pesado bagaje de fanatismos y de falsos conceptos infiltrados hasta su médula, por sectas más o menos convenencieras, cuyo único fin ha sido medrar y alimentar opíparamente su vida parasitaria; absorbiendo como vampiros la sangre noble de los corazones juveniles e incautos.
Por eso he escrito este libro, para esclarecer muchos conceptos y l1acerlosaparecer a la luz meridiana de esa diosa que nunca nos dejará caer en el vacío de las decepciones ni nos dejara de alimentar con su vivificante savia, la refulgente
verdad. Toca a vos, pues, muy Resp. Gr. Maest., hacer llegar al mayor número de los hermanos, esta mi pobre contribución.

G. GALAN.
Mérida, Yuc., Marzo de 1930.


UNA ADVERTENCIA A MIS LECTORES:
Al escribir este pequeño tratado, solamente me impulsó el deseo que tenia de exponer mi modo de conceptuar algunos fenómenos y de descifrar algunos conceptos. Naturalmente, la mayor parte de lo que aquí expongo, son teorías mías y de otros, pero explicadas a mi modo de ver. No tengo la intención de entablar polémica con nadie y por consiguiente me tiene sin cuidado el juicio que el lector se haga de mi personalidad y de mis ideas.
El que piense conmigo que me conceda alguna razón, si así lo juzga, y el que no comprenda o no quiera aceptar mis concepciones, que siga creyendo en lo que mejor le parezca.
Yo creo que en el orden material el respeto al derecho ajeno es la paz y en el orden moral el respeto a las creencias es la manifestación de la más alta sabiduría y más efectiva civilización.
Sé que difícilmente podremos cambiar a los adultos llenos de pasiones y de convencionalismo. Mi única esperanza está cifrada en las conciencias en embrión, en la niñez, en la juventud que se levanta exenta de prejuicios, libre de lastres, sedienta de verdad.

EL AUTOR.
CAPITULO 1.
DONDE ESTA DIOS?


Dios o Jehová, son palabras creadas por los hombres para nombrar a un ser omnipotente creador del Universo. Para poder existir, necesita haber sido eterno. Si Dios no fuera eterno, entonces cabría preguntar, y ¿a Dios quién lo hizo?.. .Lo que supondría la existencia de un poder superior a él; lo que destruiría su omnipotencia y bien, sentado lo anterior, preguntamos: ¿De qué sustancia es Dios? Es una fuerza? es materia? es de carne y hueso como nosotros? . .En ese caso, bien sabemos cuantos elementos entran en su formación, los cuales necesariamente fueron también eternos. De donde la eternidad de la materia.
Ahora bien, pudo haber sido una simple fuerza; la fuerza vital. Pero, ¿puede la fuerza vital existir aislada de la materia? He ahí el concepto del alma. Luego Dios pudo haber sido una inmensa alma. El total de toda la fuerza vital hoy distribuida en todo el Universo viviente y esa inmensa fuerza vital, por obra de su poder y su voluntad creó la materia de la nada.

Pero ¿es posible hacer de nada algo?. .. Esa nada solamente es concebible mentalmente; en realidad nunca ha existido. En el espacio siempre existieron fuerzas y materia. Algebraicamente cualquier molécula es infinita; el átomo no puede existir; porque el cuerpo más pequeño, el que uno quiera suponer, tiene que ser susceptible de dividirse en dos partes; y así, dividiendo y dividiendo, llegada un momento en que ese algo (en este caso, un llamado átomo de sustancia
cualquiera) se confundiría con la nada (micronésimos de electrones), así nada más se concibe que de una inmensa Nada y bajo el influjo de las fuerzas, combinándose con la materia, hubieran ido condensándose esa inmensa masa de micro electrones para formar el cosmos. El Cosmos era una inmensa masa de micro electrones de todas las sustancias existentes, mantenidas en equilibrio por la neutralización de las fuerzas eléctricas. Más el gran espíritu quiso formar el Universo Y antes formuló sus inmutables leyes. Dio a cada micro electrón de materia sus cua1idades físico-químicas, los combinó con las fuerzas y comenzó el Génesis.
La gran fuerza vital decretó su gran código universal de leyes físico-químicas y dijo: "Estas leyes serán inviolables e incontrastables." "El que las violare recibirá el correspondiente castigo; sea quien fuere el culpable; racional o irracional, delincuente o inocente. Para el Código Universal, no hay justicia ni clemencia, ni injusticia ni sana. Estas son palabras inventadas por el hombre para juzgar de acuerdo con sus intereses. ¿Cómo pues pensar en un Dios magnánimo y justiciero, si al decretar su Código Universal, no tuvo en cuenta estos conceptos creados más tarde por el hombre? Dios dijo en sus decretos: "Los mundos girarán unos al rededor de los otros, impulsados por la gravitación universal y los cuerpos terrestres, serán atraídos hacia el centro de la tierra por la fuerza de la gravedad, etc." A causa de esa ley, cualquier cuerpo abandonado en el espacio, es atraído irremisiblemente hacia la tierra, al menos que no se oponga otra fuerza superior, como la .impulsada por la propela de Un aeroplano o por la fuerza de flotación de una gran masa gaseosa de menor densidad que el aire atmosférico, como en el caso de los dirigibles. Pero de no ser esas dos causas, el cuerpo caerá. Pues bien, un niño de un año, inocente, sin que exista ninguna maldad que achacársele, es abandonado por su madre o su cuidadora, en la azotea de 'un alto edificio; por su misma inocencia, se precipita desde esa gran altura y cae al suelo estrellándose en el pavimento, destrozándose terriblemente como le hubiese pasado a cualquier otro cuerpo rompible, que desde allí hubiese sido arrojado. ¿Es posible que esto pasase si Dios, al formular sus leyes hubiera tomado en (menta los conceptos de justicia e injusticia? . . . . En ese caso, habría que decir que Dios es injusto, pues a cada instante pasan desgracias como ésta. Ese ejemplo y otros más pudiéramos citar a granel. La idealización de un Dios clemente y poderoso capaz de oír nuestras congojas y nuestros ruegos para remediar nuestros males, son nada más manifestaciones de la debilidad humana. Realmente, qué cosa más consoladora que pensar en un ser poderoso y omnipotente, que condolido de nuestros sufrimientos, acudiera a remediarlos.
Cuando el hombre es víctima del infortunio o de la fatalidad y no tiene yá a quién quejarse aquí en el mundo, recurre a un ser supremo instintivamente, buscando protección. . . . ¡Más ay! Dios, ni se enfría ni se calienta. . . no entiende de justicia ni de sufrimientos, él se limita a responder, si es que llegan hasta él, esas plegarias: "las leyes universales, ya hacen millones de años que fueron decretadas; limítate a no violarlas y nada te pasará." "Si alguien te ataca, defiéndete; porque tu cuerpo blando se dejará partir al impulso de otro cuerpo más duro, y huyendo o cubriéndote de una coraza más resistente que el puñal o la bala de tu enemigo, o destruyendo antes a tu propio enemigo, nada más podrías salvarte." "De mí ya no dependes; tu suerte depende de la causalidad; toma tus precauciones y ponte de acuerdo con tus semejantes para hacerse el daño menos posible." "Si quieres aproximarte a la perfección, estudia fielmente las leyes naturales y dales aplicación en tus obras; lee en el libro de la naturaleza; observa y analiza uno por uno todos los fenómenos que atisbes y así podrás alcanzar algo de mi poder." "Tú que debido a mis leyes de evolución de las especies, has llegado al grado de perfección orgánica, que cuentas con un cerebro y una masa gris que te permite pensar y raciocinar, coordina tus observaciones y retenlas en tu memoria para aprovecharlas en bien de lo que tú entiendes por felicidad y lo que tu ser clasifica de placer y alegría.
Tu felicidad depende de la sabia combinación que hagas de la ciencia con tu conciencia." . . . .Si el hombre hubiese comprendido estas frases de Dios, que a diario le repite con sus manifestaciones naturales, no hubiera perdido el tiempo en la construcción de suntuosos templos y en forjar mitos. Desde un principio se hubiese dedicado a buscar la verdad, a estudiar la naturaleza; a no apartarse ni un ápice de ella. Hubiera desde un principio cambiado sus oraciones en contemplaciones y hubiera elegido para templo el cielo abierto. ¿Puede haber mejor templo para admirar al creador de la naturaleza, que el lugar donde mejor se contempla su obra? Ora en el campo en las mañanas de la florida primavera, observando cómo abren sus corolas las lozanas flores y cómo impregnan el ambiente con su fragante perfume? .. .cómo las doradas mariposas revolotean dejando verla policromía de sus sedosas alas, cómo trinan las aves y cómo el aura suave mece los verdeantes follajes de corpulentos árboles, que saben dar frutos para alimento y madera para nuestros menesteres? ... Podrá haber templo más suntuoso que una playa, donde se contempla la inmensidad del océano, con su otro mundo de seres, tal vez precursores de esta animalidad terrestre, bajo una inmensa comba azul, contemplando la salida esplendorosa del gran Sol; del astro rey, fuente de luz y de calor? Por último, ¿Puede haber mejor oración que escudriñar con el microscopio los linderos ignotos del mundo infinitamente pequeño, donde el hombre sorprende la mano de Dios en su infinita y sabia grandeza? El hombre en vez de dedicarse a los sacrificios humanos para aplacar la ira de sus feroces deidades de la antigüedad, en vez de perder su tiempo en la construcción de templos suntuosos y arruinar estérilmente muchas vidas en los conventos en nuestra época contemporánea, en vez de emplear el tiempo en inútiles plegarias cada vez que una calamidad invadió sus moradas, debió ,recurrir a la naturaleza, escudriñar con ojos de la ciencia y juzgar con la crítica de su conciencia y seguramente hubiera encontrado pronto remedio a sus males.
Si vuestro hijo ha sido mordido por un perro rabioso, más efectivas y preventivas serán veinte inyecciones de suero antirrábico que cien velas encendidas a todos los santos y mil plegarias rezadas en todas las iglesias. Si la ciudad está invadida por alguna epidemia, más efectivas serán las precauciones sanitarias, que todas las oraciones y misas que puedan aplicarse. Dios no quiere plegarias ni sacrificios estériles. Dios quiere estudio y observación. Son más dignos de veneración y tienen más contacto con Dios los sabios que han muerto víctimas de la investigación científica, en conquista de la verdad, que cualquiera de los llamados santos que sacrificaron sus vidas estérilmente en ayunos suicidas y morbosos y en plegarias inútiles, excepción hecha de Cristo que fué un cerebro luminoso que con su ejemplo encausó la barbarie de su época hacia la bondad y que predicando una sana moral sembró la semilla sublime de la paz y la resignación, habiendo sido por esto víctima de la maldad humana. Desgraciadamente han pasado casi dos mil años y sin embargo esa doctrina hasta hoy, casi ha fracasado; prueba de ello es la última guerra europea donde el "Homo sapiens" puso a disposición de sus instintos bestiales toda su sabiduría y sus inventos para exterminarse mutuamente. Cristo ignoraba que la lucha es un efecto de los procesos de adaptación de las especies, que es ley universal; que la lucha la engendra la desigualdad moral, intelectual y material de todos los seres de la creación que jamás podrán igualarse; y que este desequilibrio físico y sentimental, en la especie humana, engendrará siempre las rivalidades de clases y por consiguiente la guerra. La paz solamente podrá imperar cuando de una manera matemática sean puestos todos los seres al mismo nivel; mientras tanto será nada más ficticia. El instinto bélico, tal parece que es inherente a todos los seres de la creación. El pez grande se tragará siempre al más pequeño, y los pequeños tratarán de agruparse para hacer resistencia a los grandes. Hasta las criaturas que imaginamos más inocentes y más inofensivas, observándolas nos damos cuenta de que no lo son. Ved por ejemplo a una palomita blanca, de rosado pico, cuya presencia infunde tanta ternura que hasta fué escogida para simbolizar al espíritu Santo. Cualquiera que le ve huir temerosa a los picotazos de una gallina, aseguraría que es inofensiva; pero no es así; esperad que esté sola en el patio y que baje a tragarle sus granos de trigo alguna tortolita y veréis cómo es tan pendenciera como la gallina; y si seguís observando, os daréis cuenta de que la tortolita también se ensaña con las mariposas y así sucesivamente.
Las apariencias de bondad, muchas veces son manifestaciones de cobardía. Si observáis en los vegetales, comprobaréis que las malas yerbas, más resistentes a las inclemencias del tiempo y que quizá se han vuelto más resistentes precisamente en compensación de la guerra que tienen que sustentar con sus exterminadores, (el agricultor y las plantas mimadas) roban a las plantas útiles sus alimentos, las arruinan y las invaden. ¿Acaso en esto no existe una lucha de clases?.
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Y si descendéis más todavía hasta los cuerpos químicos sin vida como los ácidos, veréis al reunirlos con una base como se apoderará de ella, el más fuerte, para formar la sal correspondiente. Por ejemplo: Juntáis ácido carbónico con una base (sosa cáustica) y se formará carbonato de sosa, (sal), pues bien, si después esta sal se pone en presencia de otro ácido más fuerte, como el ácido cítrico, este desplazará al ácido carbónico y se apoderará de la base, formando citrato de soda; y si este citrato de soda, se pusiera más tarde en contacto con el ácido sulfúrico, más fuerte aún, a su vez desplazaría al ácido cítrico, para formar sulfato de sosa (ley de desplazamiento de los ácidos de Berthelot) esto comprueba hasta la saciedad, que la lucha es una ley universal. Siempre se ve el derecho del más fuerte. Sin embargo, tratándose del hombre, aún hay esperanza de que dé frutos el despertar de las; multitudes, (que en este caso son las que tienen la fuerza) a las nuevas concepciones que se van adquiriendo sobre los falsos motivos que originan las guerras. Cuando las multitudes se den perfecta cuenta de que son el instrumento inconsciente y sufrido de los intereses creados; cuando las masas se percaten que en la esencia de todas las guerras, siempre juegan principal papel, innobles personalismos y desenfrenada codicia de unos cuantos especuladores y que ellas son las únicas sacrificadas; cuando el hombre comprenda de una manera indestructible, que su vida y la vida de su prójimo están sobre todos los intereses y sobre todas las mezquindades de jefes megalómanos; cuando los mujeres de todo el orbe, que son las llamadas a constituir el lazo de unión entre todos los hombres de la Tierra, se coaliguen para oponerse, con toda la ternura de que es capaz su sagrado amor, a que los suyos cometan la tremenda injusticia de la guerra; cuando la guerra en fin sea considerada como una manifestación degradante e indigna, como el robo y el asesinato y los inventores de máquinas mortíferas sean premiados con el más grande desprecio de sus semejantes; cuando toda la Tierra sea una sola patria para la humanidad y cuando Nuestro único Soberano sea una sola justicia para todos, basada estrictamente en la completa igualdad ante la Ley, tal vez la paz nos proteja con su augusto manto. Los templos solamente debían de subsistir como monumentos de arte de la antigüedad y como centros de cultura moral (palabra ésta que encierra un concepto que hemos imaginado 'y que satisface por hoy, nuestro modo de sentir) pero, el dominio de este concepto es desgraciadamente muy elástico, pues tiene que adaptarse a las circunstancias y al grado de cultura material del medio social en el que se quiera aplicar.
Para eso debían de servir las iglesias, para reuniones sociales; para buscar una orientación más ajustada con las aspiraciones del conglomerado humano en lo que se refiere al modo de portarse, al modo de vestirse y al modo de resolver nuestros problemas familiares en el seno de la sociedad. Esa debe ser la única misión de los sacerdotes; iluminar a las masas en ese sentido. En lugar de santos, deben pender de las paredes del templo muchos cuadros murales de propaganda antialcohólica, de propaganda higiénica y de propaganda de las buenas costumbres. Esa debía ser la mejor manera de servir a Dios y sobre todo a la humanidad. Dios no quiere nada para él; ni la fuerza vital que se almacena en cada ser; pues esa fuerza vital que permite a la materia organizada sostener intercambio con el medio ambiente y manifestar los demás fenómenos que caracterizan la vida de los seres como: reproducción y crecimiento etc., etc., al desorganizarse la materia, pierde ese poder temporal, pero queda latente en los electrones de la misma sustancia desorganizada, hasta que nuevamente tiene oportunidad de volver a vibrar en otro conjunto organizado. De modo que el núcleo de vida viene en el huevo de la madre, pero el resto del potencial vital lo cogen los seres vivos del medio ambiente, pues en todos los electrones de materia que nos circundan existen también un micro de potencial vital latente.
El fluido vital es una fuerza que debe ser muy parecida al fluido eléctrico, Y como la electricidad debe estar sujeto a leyes semejantes; debe existir un fluido vital positivo Y otro negativo; cuando esos dos fluidos permanecen en equilibrio es cuando animan a la materia y orientan su agrupación electrónica en tal forma que pueden sostener intercambio con el medio ambiente sin descontrolizar su estructura primitiva.
Cuando ese fluido se desequilibra, entonces la estructura molecular se descontroliza Y se disgrega. Eso es lo que constituye la muerte de la molécula viviente. El hombre no ha podido aún reproducir el fluido vital, pues hasta hoy, necesita un núcleo vital ancestral para almacenarse Y manifestarse. El día que el hombre invente aparatos para medir la graduación vital, construyendo un biómetro, como ha construido un electrómetro, podrá apreciar con precisión la capacidad vital que anima a cada ser viviente, Y podrá regularla a su antojo; ¿a reproducirla artificialmente? Esto tal vez nó; lo fué virtud del espíritu creador.
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